miércoles, 20 de septiembre de 2017

Mikel Aristi



Bueno, esta entrada va para aquellos aficionados al ciclismo vasco que aún visitan este blog de vez en cuando y que saben que hay que leerlo con capacidad de crítica y sin fiaros mucho. Vamos a hacer un pequeño repaso a la situación del ciclismo profesional vasco en cuanto a los equipos que le representan. Después de que en mayo, Jon Odriozola y otros responsables del Murias Taldea, único equipo vasconavarro junto al Caja Rural que nos quedaba en el pelotón, anunciaran la intención de aspirar a una plaza en la categoría profesional continental, durante la Vuelta a España, nos llegó una segunda noticia esperanzadora, el compromiso de Mikel Landa con el proyecto de la Fundación Euskadi, tomando el relevo de Miguel Madariaga, y dejando abiertas todas las posibilidades, desde seguir solo como proyecto de formación hasta ambicionar un equipo en alguna de las tres categorías profesionales. 

Los más incautos, inocentes e idealistas, que las tres empiezan por i, lo primero que pensamos fue: qué cojonudo sería que se pusieran los dos proyectos de acuerdo. Bien, pues empecemos por ahí: según noticia del 7 de Septiembre de 2017 en el periódico Noticias de Gipuzkoa, el Gobierno Vasco, poco después del anuncio en Logroño que presentaba el nuevo proyecto de Mikel Landa para con la Fundación Euskadi, intercedió para promover una reunión entre ambos equipos. Copio aquí directamente de la noticia publicada en su día: "[la reunión] tal y como ha podido saber este periódico, se produjo en la mañana de ayer en Lakua tras ser impulsada por el Gobierno Vasco. El Ejecutivo autonómico ha querido mediar entre los responsables de ambos proyectos para conocer de primera mano las ideas que manejan cada uno de ellos para tratar de buscar un consenso, si es que este fuera posible, toda vez que parece inviable que Euskal Herria cuente con dos proyectos ciclistas que aspiran a estar en las mejores carreras del mundo." El periódico guipuzcoano daba más detalles y decía que, en esa reunión, estuvieron "Bingen Zupiria, consejero de Cultura y Política Lingüística; Jon Redondo, director de Deportes del Ejecutivo Vasco; Paulino Barrenetxea, director general de Murias Grupo; Jon Odriozola, mánager deportivo de Euskadi Basque Country-Murias Taldea; Mikel Landa, presidente de la Fundación Euskadi; y Jesús Ezkurdia, miembro de la Fundación Euskadi." Se terminaba el artículo diciendo que no había conclusiones ni detalles porque solo era una primera toma de contacto y se esperaba que hubiera más reuniones. 

Cuando nació la Fundación Euskadi y después Euskaltel-Euskadi, todo pareció monolítico y sólido. Todos a una y para adelante. Han pasado cinco años (lo sé, se nos ha hecho eterno), desde que el equipo desapareció, dejando atrás diecinueve años de crecimiento y una buena ristra de corredores que se hicieron profesionales dentro de la estructura (aún se ven las consecuencias: Ion Izagirre, Gorka Izagirre, Mikel Nieve, Mikel Landa, Jonathan Castroviejo, David López, Igor Antón, Pello Bilbao...). Ahora, se intuye una buena oportunidad para volver a tener una salida para los corredores amateurs vascos que quieren hacerse profesionales. El problema, parece, es que, esta vez, convendría llegar a acuerdos, trabajar juntos, compaginar diferentes puntos de vista e ideas. Quizás se pueda hacer por separado, pero, en conjunto, siempre se es más fuerte. Si no, que se lo pregunten a Chris Froome. 

En cualquier caso, y más allá de esa supuesta reunión, aún no han trascendido mayores cosas sobre las ideas de Mikel Landa para la Fundación Euskadi. Se supone que todo irá despacio, a cocción lenta, y que el corredor alavés sopesará bien qué hacer, cómo hacerlo y en quién delegar. Él es el presente del ciclismo vasco, y ahora parece erigirse también en el futuro, así que habrá que dejarle trabajar con tranquilidad y buen pulso. 

El otro proyecto, el de Euskadi Basque Country-Murias Taldea parece más aposentado y repujado. Las noticias se suceden con cuenta gotas, pero, después de aquella declaración de intenciones de mayo, hablando de dar el salto, de invitaciones a pruebas UCI y de más, estábamos ansiosos de saber más y de que todo aquello se confirmara y no se quedara en humo. Bueno, pues parece que van dándose pasos en esa línea, en la buena línea que apunta hacia arriba. 

Dejando, por ahora, lo deportivo a un lado, y ciñéndonos a lo económico, el Diario Vasco publicaba hace tan solo unos días lo siguiente: "El Euskadi-Murias ya ha depositado en la Unión Ciclista Internacional (UCI) el aval de 20.000 para realizar la inscripción como equipo Continental Profesional la próxima temporada. Además, la formación dirigida por Jon Odriozola ha abonado también el aval total del presupuesto del equipo (unos 400.000 euros) con lo que el salto de categoría del equipo vasco va tomando cuerpo." Es decir, aunque no hubiera trascendido hasta entonces, sí parece que el equipo está llevando a cabo los requisitos para cumplir con las promesas que se hicieron en mayo. Entiendo que aún queda mucho camino burocrático, muchas idas y venidas en oficinas enmoquetadas, pero que se hayan cubierto ya los primeros requisitos económicos no deja de ser un aliciente para creer que sí, el año que viene, tendremos un representante vasco en el pelotón internacional, corriendo pruebas más exigentes y mediáticas. 

Por supuesto, otro argumento que demuestra que ya se está trabajando en ese sentido es que empiezan a llegar las primeras noticias sobre la confección de la plantilla. Allá por el 18 de junio de 2017, en el diario Deia, Jon Odriozola confesaba sus planes deportivos en una entrevista posterior al anuncio del proyecto de continental profesional: "Tenemos la idea de confeccionar una plantilla de entre 18 y 20 corredores. 18 como mínimo. Y si llegamos a los 20, perfecto." El máximo mandatario del Euskadi Basque Country-Murias Taldea, eso sí, confirmaba que no todos los corredores que estaban en el actual proyecto continental tendrían continuidad en el profesional continental: "La seriedad y la profesionalidad de todos está fuera de toda duda. Pero habrá que dar algunas bajas."

Bien, pues las primeras noticias han ido llegando lentamente. El 8 de Septiembre de 2017, Iñaki Izquierdo, un periodista parece que bien informado en cuanto a lo que atañe al ciclismo vasco, anunciaba en Diario Vasco que había dos bajas seguras en el equipo para la próxima temporada, pero que podría haber más: "Las de Olaberria y González podrían no ser las únicas bajas del Murias para la próxima temporada." Por lo tanto, Pello Olaberria, quien llegó desde el proyecto de formación que lidera Alberto Contador (con aspiraciones de ser continental la próxima temporada, por cierto) y el burgalés Adrián González serían las primeras bajas. Si restamos a estos dos, de la plantilla que Odriozola ha dirigido este año, nos quedan hasta once corredores: Gari Bravo, Beñat Txoperena, Ander Barrenetxea, Mikel Bizkarra, Aritz Bagüés, Julen Irizar, Gotzon Udondo, Mikel Iturria, Óscar Rodríguez, Aitor González y Eneko Lizarralde. 

Pongamos que siguen los once, cosa que no parece probable del todo. Aún quedarían, hipotéticamente, según los planes que confesaba en junio el propio Odriozola, entre siete y nueve fichajes o ascensos de amateurs. Mercado hay, aunque haya corredores, como los mencionados unos párrafos más arriba, ciclistas vascos en equipo UCI, u otros que no mencionábamos ahí, como Romain Sicard, Beñat Intxausti u Omar Fraile, que parece muy difícil que bajen un peldaño para incorporarse a las condiciones deportivas y económicas de este equipo. Por ahora, ya se han anunciado dos nuevos corredores: Mikel Aristi y Enrique Sanz. El primero, de 24 años, ya estuvo en la Fundación Euskadi, en la categoría continental, pero abandonó el equipo para dar el salto y firmar por el equipo francés del Delko-Marseille. Esta temporada, ha conocido el triunfo al imponerse en una etapa de la Tropicale Amissa Bongo. Por otro lado, el Euskadi Basque Country-Murias Taldea anunció también la incorporación del navarro Enrique Sanz, un hombre rápido, con mucha experiencia (de 2011 a 2016 estuvo en el Movistar Team de Eusebio Unzué, de quien es sobrino, etiqueta que, según confesaba en una entrevista, siempre le ha pesado) que llega del Team Raleigh británico con quienes también ha saboreado una victoria.

No ha habido más anuncios o, hasta donde yo sé, más rumores. En la web cyclingfever.com, que hace una recopilación exhaustiva de los traspasos, renovaciones y rumores del mercado, no hay nada más que podamos añadir. Hay, eso sí, rumores o noticias sobre candidatos que podrían haber entrado en este proyecto y parecen alejarse de él. Por ejemplo, parece confirmado que Julen Amezketa, hasta ahora corredor del Wilier-Selle Italia, con los que debutó este año en el Giro de Italia, firma por Caja Rural junto a su compañero de equipo Cristian Rodríguez. Según esa misma web, Xuban Errazkin, debutante en Portugal el año pasado, el corredor más joven del pelotón vasco y una promesa del mismo, estaría a punto de firmar por el ambicioso proyecto francés del Fortuneo-Oscaro, donde correrá el año que viene Warren Barguil. Es solo un rumor, eso sí.

Así solo nos queda crear nuestros propios rumores o quinielas para saber quiénes podrían ser esos siete o nueve corredores que se sumen al proyecto de Odriozola. Yo siempre he pensado en los exiliados al Japón, gente como el veterano Jon Aberasturi y el joven Egoitz Fernández, pero no tengo argumentos para decir si es plausible o no: no sé si son del interés de los técnicos del Murias Taldea, si ellos tienen contrato en vigor, si tienen ganas de volver... Por supuesto, entre los amigos, siempre hay quien se acuerda de Igor Antón. Aún pendiente de ver qué pasa con su contrato con el Dimension Data, muchos pensamos que el bilbaíno podría ofrecerle una buena temporada a este equipo, dándole, si no triunfos, al menos visibilidad, y ayudar a que el proyecto se haga más fuerte. Pero, claro, a Antón le van quedando pocos años de ciclismo y él querrá firmar el mejor contrato que pueda. Hay más corredores vascos en distintos proyectos continentales que podrían resultar interesantes: Jokin Etxabe, Víctor Etxebarria, Egoitz García, Ibai Salas, Igor Merino, Mikel Elorza... También están los del Caja Rural, Álex Aranburu, Jon Irisarri, Josu Zabala, pero estos ya están en la categoría y desconozco si tienen contrato para la próxima temporada. Jon Ander Insausti sería una buena incorporación, por supuesto, pero corre en UCI Pro Tour con Bahrain y parece difícil convencerle de que mire hacia abajo. Como he dicho desde el principio y repito ahora, esto es un juego, no tengo la información ni dispongo de los datos para afirmar que estos corredores estén dentro de las intenciones de los directores del Murias, ni tan siquiera que, si de estarlo, haya posibilidad o los afectados tengan interés alguno en venir. 

Finalmente, claro está, también hay corredores abajo esperando que alguien les dé una oportunidad. La lista es larga, mucho más larga de lo que yo pueda escribir aquí. Desde los ganadores del Lehendakari y el Euskaldun, Mikel Alonso e Iker Azkarate, hasta otros corredores vasconavarros que han destacado esta temporada, como Txomin Juaristi, Jokin Aranburu, Jon Madariaga, Asier Arana, Iker Ballarín, Ibai Azurmendi, Oskar Mallatsetxebarria (quien ya debutó en el pelotón profesional con el Massi-Kuwait), Gotzon Martin... Incluso alguno de los corredores no vascos que se han formado en equipos de formación vascos, como Fernando Barceló (en la órbita del Cofidis), Marc Buades, el castellonense del Lizarte Iván Moreno, Juan Antonio López-Cozar, Sergio Samitier... 

Para todo esto, habrá que esperar. Para ver quién corre y con quién, cuándo y cómo, para todo, habrá que esperar. La cosa va lenta, pero parece que segura. Las noticias que aparecen siempre parecen positivas, después de cinco años de continuos desencantos. Sería, es mi opinión, ideal que se encontrara una forma de encajarlo todo y trabajar en conjunto, en un gran proyecto que pudiera aunar las aspiraciones e ilusiones de todos, volviendo a catapultar el salto profesional de los corredores amateurs y arrastrando, con ello, a una afición que, en realidad, nunca ha dejado de ir, bien sea para apoyar al Caja Rural o para apoyarlos a todos, que es lo bonito del ciclismo (a uno quizás lo aplaudes más fuerte, pero, en líneas generales, aplaudimos a todos). El pelotón nacional lleva años de sangría y deterioro. Se necesitan equipos profesionales que alienten el interés de los jóvenes. Los estragos se han notado también en el pelotón amateur. La lucha económica se sigue fraguando, pero esperemos que estas buenas noticias se perpetúen y todo lo que aquí vamos apuntando como potencial se acabe convirtiendo en realidad. 

En lugar de decirlo poco a poco, como va ocurriendo, volveremos en otra ocasión y haremos otro resumen gigantesco y desordenado como éste. Siempre, recordándoos, como no dejamos de hacer, que esto es un blog, el que escribe no es periodista, la información se toma de otras fuentes, no tenemos los recursos para saber más de lo que sabemos y nuestras opiniones y criterios suelen ser bastante subjetivos, torpes y superficiales. Así que leedlo si os apetece, quedaros con cuatro cosas, y desarrollarlas por vuestra cuenta. Y riesgo. 

Posdata: vamos a darle el titular a Mikel Aristi, porque, de los dos fichajes anunciados recientemente (noticia que dio pie a esta entrada) él es el primero por orden alfabético. La fotografía, para compensar, se la regalamos a Enrique Sanz. Como siempre, proviene del buscador de imágenes de google.com y, en realidad, parece que la fuente es la web oficial del equipo Murias Taldea.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Klemen Prepelic

Fuente: buscador de imágenes de google (lavanguardia.com)


Supongo que, en general, tres de los cuatro primeros equipos de este Eurobasket 2017 estaban en las quinielas de muchos pero probablemente en un orden distinto. Más aún, cuando el primero de los cuatro es el que sospecho que se quedaba fuera de los pronósticos de muchos de nosotros, y me voy a meter en el saco.

Todos lo han llamado el Eurobasket de las bajas y así ha sido. Por lesiones o por renuncias, o por lo que fuera, faltaron o no fueron seleccionados, jugadores como Andrea Bargnani, Danilo Gallinari, Sergio Llull, Nikola Mirotic, Rudy Fernández, Giannis Antetokounmpo, Rudy Gobert, Omer Asik, Kostas Koufos, Mario Hezonja, Ersan Ilyasova, Milos Teodosic, Tony Parker, Nikola Jokic, Ante Tomic, Nemanja Bjelica, Jusuf Nurkic, Enes Kanter, Marcin Gortat... Esos cuatro equipos que mencionábamos al principio, al que no se esperaba y los tres que sí contaban en las apuestas, también tenían sus bajas. Quizás la de los eslovenos eran menos mediáticas. Sin embargo, el peso en la pintura de jugadores como Mirza Begic, Alen Omic o Uros Slokar podía ser muy importante para ellos. También la ausencia de Zoran Dragic parecía importante. Por supuesto, eran más comprensibles las ausencias de veteranos como Primoz Brezec (37 años), Bostjan Nachbar (37), Vlado Ilievski (37), o Beno Udrih (35). Toda una generación que vivió muchas decepciones. Nachbar, Begic, Zoran Dragic y Slokar estaban en aquella selección que en 2013, dirigida por Bozidar Maljkovic y siendo anfitriona, tuvo que sobrellevar la derrota en cuartos ante Francia. Por el contrario, Gasper Vidmar, Edo Muric, Jaka Blazic y Goran Dragic, cuatro años más tarde, se han resarcido por todo lo alto. También Jaka Lakovic, ayudante de Igor Kokoskov en esta edición, y en la cancha en 2013. 

La victoria final de Eslovenia, con un campeonato inmaculado, deja patente dos cosas. Bueno, yo diría tres. Primero, la calidad inmensa, tanto anotadora como de liderazgo, de Goran Dragic, quien, a sus 31 años, y once temporadas en la NBA, aún no había recibido el merecido reconocimiento internacional. Este título hará justicia a su rendimiento. Segunda, la potestad de Igor Kokoskov para reclamar que su nombre tenga ascendencia en el baloncesto europeo. Son muchos años ya dividiendo su carrera entre el trabajo de ayudante en los Estados Unidos y la dirección de selecciones aspirantes en campeonatos de naciones. Que la selección de Eslovenia haya llegado hasta el primer puesto del pódium es, en gran parte, culpa suya: ha sido capaz de sacarle un jugo a ciertos jugadores que nadie antes había conseguido sacárselo. Ha arriesgado, además. Y lo ha hecho hasta el último minuto de campeonato. Y le ha salido siempre bien. Y tercero, a pesar de ese tercer cuarto de la final, el Eurobasket 2017 ha sido la confirmación de que ha nacido una estrella. Los que tenemos la suerte de poder seguir la ACB de cerca, ya lo sabíamos, lo íbamos viendo, pero en Turquía lo hemos visto todos. Luka Doncic está llamado, vuelva a ganar o no, a marcar una época en el baloncesto europeo. Lo que hace con 18 años, en todos los aspectos y niveles del juego, es imposible calificarlo con todos los adjetivos positivos que se nos ocurran ahora. 

Ha habido, hay, un relevo generacional. En este Eurobasket de 2017 aún han rendido a pleno nivel los hermanos Gasol, Pau Gasol y Marc Gasol, Alexey Shved, Sergio Rodríguez, Timofey Mozgov, Marco Belinelli, Mantas Kalnietis, Ricky Rubio, Vitaly Fridzon, Boban Marjanovic, Luigi Datome o Zaza Pachulia. Incluso, hemos tenido veteranísimos como Jiri Welsch (37), Juan Carlos Navarro (37), el propio Pau Gasol, de la misma generación que Welsch y Navarro, Axel Hervelle (34), Sinan Guler (34), Janis Blums (35), Guy Pnini (34), Yotam Halperim (33), Jon Stefansson (35), Ioannis Bourousis (34), Kieron Achara (34), Boris Diaw (35), Teemu Ranikko (37) o Marko Popovic (35). Pero, sin duda, lo que nos queda de este último campeonato es el paso a delante que han dado jugadores como el ya mencionado Luka Doncic y de otros como Kristaps Porzingis, Dario Saric, Bogdan Bogdanovic, Dennis Schroeder, Artem Pustovyi, Jonas Valanciunas, los hermanos Juancho Hernangómez y Willy Hernangómez, o Lauri Markkanen. Ha habido más, quizás con unas estadísticas menos llamativas, pero sus nombres volverán a repetirse en otros Eurobaskets, convirtiéndose esta edición en su primera ocasión en lo más alto del baloncesto europeo, gente como Dragan Bender, con minutos pero sin tanta incidencia, Dino Radoncic, saliendo de titular en algún partido, Tryggvi Hlinason, un poste inmenso recién fichado por Valencia Basket que no ha jugado tanto como se esperaba en Islandia, Marko Guduric, Alekesej Nikolic, Vasilije Micic, Rolands Smits, Zoltan Perl, de lo mejor de Hungría, un jugador muy aprovechable que debe andar jugando en la segunda división italiana, Janis Timma, son 25 años ya, pero su valor sigue creciendo o las dos nuevas estrellas turcas, Cedi Osman y Furkan Korkmaz.  Podríamos incluir en esta lista al jugador que titula esta entrada, Klemen Prepelic, quien, a punto de cumplir 25 años, ha aparecido cuando nadie lo esperaba y se ha convertido en uno de los secretos de la Eslovenia ganadora, escoltando a Doncic y Dragic. 

En resumen, ha resultado este, a la vista torpe y corta de este observador de poco fiar, un Eurobasket atractivo, con mucha competencia, buenas actuaciones individuales, el relevo generacional ya mencionado y una preocupante ausencia de público en algunos partidos. Ha sido, sobre todo, un campeonato de nombres propios: la capacidad anotadora y la belleza estética de Alexey Shved, el pulso competitivo y el magisterio de Pau Gasol, la rapidez y puntería de Goran Dragic, el liderazgo de Bogdan Bogdanovic, la calidad innata y juvenil de Luka Doncic, hasta cuestiones más anecdóticas también fueron individuales, como el triple doble del rumano Andrei Mandache, tercero de la historia del Eurobasket. A los ya mencionados Shved, Gasol, Dragic, Bogdanovic y Doncic, que, no por casualidad, fueron nombrados en el mejor quinteto del campeonato, yo añadiría la solvencia de Sergio Rodríguez, la defensa de Ricky Rubio, el crecimiento de Dennis Schroeder, el pundonor de Ettore Messina, la clase de Dario Saric, la facilidad de Anthony Randolph, el curro de Gabriel Olaseni, el futuro de Lauri Markkanen, la electricidad de Kostas Sloukas, Nikita Kurbanov, Adam Hanga, Davis Bertans, Nicolo Melli, Janis Strelnieks, Mindaugas Kuzminskas, Nikola Vucevic, Mateusz Ponitka, Martin Kriz, Dmitriy Khvostov, Milan Macvan... Sí, seguro que no os resulta difícil decir algo así como "pero cómo puede nombrar a éste y no al otro"... Bueno, en un campeonato tan largo, con tantos partidos y con tan buenos jugadores a pesar de las ausencias, es normal que alguien que no sabe pero se atreve a escribir, meta la pata. 

En mi humilde opinión, siempre dio la sensación, desde el principio, de que España era la gran favorita. Su baloncesto fue robusto durante gran parte del campeonato, ante rivales, es cierto, inferiores, pero con posibilidades de asustar. Ni tan siquiera Croacia, quien apuntaba a un buen campeonato gracias a Bojan Bogdanovic o Dario Saric, pudo asustarlos. Supieron sufrir ante Turquía pero se vieron arrasados por una Eslovenia que se encontró con un grado de inspiración y puntería que aprovecharon aún más cuando la selección de Sergio Scariolo cayó en la desesperación. La Serbia de Aleksander Djordjevic, probablemente el equipo con más sangre ganadora y ánimo de competición (aunque solo sea por gente como Djordjevic, Bogdanovic o el gritón Vladimir Stimac), siempre fue un candidato y se confiaba en ese espíritu de lucha continua. Algo parecido a lo que les pasaba a los rusos, que contaban con metros y contundencia, muchos jugadores para trabajar, y, después, un Alexey Shved por encima de todos a la hora de anotar. Se pudo creer en Letonia, hasta en una Croacia que acabó convirtiendo la esperanza en una amargura dolorosa (las declaraciones del padre de Dario Saric, la destitución de Alexander Petrovic o, en caliente, lo que dijo el propio Bojan Bogdanovic son pruebas de ellos), en una Francia con muchas bajas, en la Alemania de un Dennis Schroeder que no pudo solo, y hasta en una Lituania, dirigida por un joven Dainius Adomaitis, que acabó defraudando en octavos al dejarse sorprender por Grecia, quien, al igual que Italia, sobrevivió a base de creer en sí mismos aunque jamás parecieran capaces de rendir a un alto nivel. Algo parecido se podría decir de los turcos. 

En mi opinión, los cuatro partidos finales, las dos semifinales, la final y el tercer y cuarto puesto han estado al nivel que se puede esperar de este campeonato, aunque he lamentado un mejor juego de conjunto, una mayor incidencia del colectivo ante el rendimiento y las estadísticas individuales. Eso sí, al otro lado del charco (esta, de nuevo, es mi torpe opinión), deberían ver estos partidos para ver cómo se le puede sacar rendimiento a los jugadores interiores, más allá del alley-oop o del rebote de ataque. Me quedo con el festival de Eslovenia en las semifinales ante España, con la última lección de los veteranos de la selección española en la lucha por el bronce y, sobre todo, por el hambre de victoria que siempre enseña una selección como Serbia y del ejemplo de resistencia que dieron los jugadores eslovenos. Ese último cuarto y medio, con Doncic, lesionado, aguantando las lágrimas en el banquillo y Dragic entrando y saliendo del banquillo, estuvo protagonizado por el semblante convencido de Igor Koskokov y la determinación de Klemen Prepelic, pero también habría que destacar la personalidad de Anthony Randolph, el trabajo bajo el aro de Gasper Vidmar, el aliento de Aleksej Nikolic o la sangre fría de Jaka Blazic. Hubo un momento en el que Prepelic y Blazic nos hicieron recordar a aquellos Roman Horvat y Dusan Hauptman que no están en las letras más grandes de las enciclopedias, pero los buenos aficionados siempre recordarán. 


viernes, 15 de septiembre de 2017

Manuel "Manolo" López Martínez

Autor: Ángel Chaparro Sainz
Número de socio del Barakaldo Club de Fútbol: 698




Cien historias mínimas

El fútbol es mucho más que un simple juego. Mucho más que una competición. Es algo más que profesión y deporte. Sí, es un negocio. Dinero, postureo, aire. Una valija robada. Ídolos de ceniza que se esfuman cuando sopla el viento del tiempo.
También es poesía. Aunque sea mala, como ésta. Pero es poesía. Poesía vulgar e hinchada; subjetiva y afectada. Pero poesía.
El fútbol, sobre todo, es ordinario y humano: la vida. Así escrito, en vano pero tras dos puntos, parece algo muy trascendente y noble, pero no deja de ser simplemente igual que todo lo aburrido que hacemos día a día. El fútbol también es eso. O parte de eso. Somos nosotros: los envilecidos, los plebeyos, los demediados, los simples, los ignorados, los que no salen ni saldremos en las fotos ni en los libros. Los que no recuerda nadie.

Solo los que le quisimos, por ejemplo, recordamos a mi padre. Sin embargo, para mí, él es el Barakaldo Club de Fútbol. Tanto o más de lo que pudieran serlo iconos como el escudo, lugares como el estadio, evidencias como su número en el registro de asociaciones deportivas.

En cien años que el club cumple ahora, éste se ha ido formando a base de crear una historia, y por tanto, una identidad, una razón de ser: ha encontrado un hueco en el mundo, por mucho que el hueco sea pequeño, tan diminuto como un rincón húmedo en una anteiglesia cualquiera, invisible si se mira desde lo alto de los despachos que federan o desde el estrado de la gala donde entregan premios bañados en oro o plata. Lo ha ido logrando, eso sí, poco a poco, gracias a distintos protagonistas, a triunfos y derrotas, con el paso de los años, apoyándose en cosas menos tangibles: la memoria, el vínculo que se hereda, el eco que queda de los que gritaron allí dentro, el rastro de los que rasgaron el campo, hasta el olor limpio que permanece siempre si una vez disfrutaste de cómo huele el verde recién segado. La gente y lo que hace la gente, bueno y malo, ha ido conformando este club, igual que se conformaron los otros: cientos de goles que marcaron jugadores que ya nadie recuerda, los que también erraron otros y aún hoy duelen, los contratos que firmaron los que dirigieron el club, los empleados que firmaron al lado, los que salieron en las ruedas de prensa, los que las grabaron, las máquinas que entraron a derribar el viejo estadio, la cal que se pintó y la que se borró, todos y cada uno de los hinchas, las hinchadas contrarias, los que se hicieron socios y los que no renovaron, los recién abonados, los veteranos, los espónsores, los vítores, los trofeos, las risas en el bar, los guardametas que se apoyaban en el palo y hasta los linieres que corrieron nuestra banda dejando marcada una línea de barro que parece el margen fino del precipicio que separa al futbolista del aficionado.

Entre todos ellos, aunque pocos le recordemos aún, yo sitúo a mi padre en primera fila. En cien años de historia, la suya fue tan importante como la de todos los demás: él fue el club, igual que hasta la estrella más pequeña del firmamento sigue siendo parte del universo por muy insignificante que sea esa parte.

Eso es fútbol: historias mínimas que no se enciclopedian pero que gente anónima se guarda dentro, como tesoros incalculables que nos han hecho ser quienes somos, aunque seamos poco y por poco tiempo.

Tengo muchos recuerdos en y del viejo estadio de Lasesarre, donde, durante años, este club centenario disputó sus encuentros como local. Yo era un niño al principio, inocente, torpe, entrado en carnes, bastante feliz y curioso. Aquel estadio que siempre pareció viejo, de otro tiempo, era un jardín de juego, igual que el patio del colegio o la calle donde vivías. Me pasaba gran parte de los noventa minutos pegándole patadas a las piedras descascarilladas del murete o capirotazos en el cogote a los amigos, colándome por las esquinas, paseándome por los tendidos, buscando musarañas, a veces, incluso, mirando el partido. Pero, siempre, cuando lo necesitaba, aunque fuera por inercia, me daba la vuelta, y allí estaba mi padre. Bajo la uralita, en la sombra, junto a sus amigos, viendo al partido pero, al mismo tiempo, atento para saber que yo me había girado y le buscaba con la mirada. Me sonreía como él solo sabía sonreír, con ese gesto quebrado que daba tanta calma como compasión. Su sonrisa. Las tertulias en los bares, antes del partido y en el descanso: aún puedo verme escuchando, agazapado, a la altura de sus cinturas, intentando interpretar conversaciones, entre el humo de tabaco, que parecían ocurrir en otro idioma, venir del país de los adultos. Entrar con él de la mano en el estadio. Su mano. Los dos crecimos dentro de aquel estadio, domingo a domingo, sin darnos cuenta. Años después, temporadas más tarde, crecido y perdido, yo prefería irme después de entrar, buscar a mis amigos en la Cábila, fumar a escondidas, darle un buche a la petaca, jugar a ser mayor y empezar a elegir un camino que, poco a poco, me iría llevando lejos de mi padre y lejos del fútbol de segunda división B. Ahora lo veo más claro que entonces, tiene coña, porque lo que sí recuerdo, por ejemplo, es aquel partido en concreto y aquel empate en el último minuto, y cómo me recorrí toda la preferencia a zancadas, para buscarlo en su zona, donde estaba como siempre, bajo la uralita, en la sombra, junto a sus amigos, viendo el partido pero, al mismo tiempo, atento para verme venir corriendo y aceptar el abrazo. Un abrazo torpe, de los que no sabes dar. 
Su sonrisa, su mano, y aquel abrazo, como tantos otros que se han dado en aquel viejo estadio y se darán en el nuevo, también ayudaron a cumplir cien años de historia. 

Mi padre no llegó a conocer el nuevo estadio. Murió mientras estábamos en el exilio, en la Ciudad Deportiva. Parecía que alguien nos había abandonado allí, a medio camino entre el futuro y el pasado, añorando lo que siempre conocimos y sospechando de lo que nos prometían. En esa época, se fue mi padre. A mi hermano y a mí nos costó volver al campo. Cuando volvimos, lo hicimos juntos. De hecho, yo volvía después de bastante tiempo, después de repudiar todo aquello porque me creía mejor que nadie. Casi por inercia y en silencio, fuimos caminando hasta un hueco de la curva norte, la que da al cementerio. Allí veía él los partidos. Nunca dejó de ir. Con la enfermedad en la piel, tumbándole la espalda, siguió yendo mientras pudo. Un día de frío y lluvia, incluso fuimos hasta Lezama. Le costaba caminar, la gente nos adelantaba, pero le brillaban los ojos como si volviera a creer que nada iba a poder con él. No recuerdo contra quién jugábamos aquel día que mi hermano y yo volvimos solos al campo, cuál fue el resultado, cómo salimos de allí. Lo que sí recuerdo es el silencio que compartimos. Parecía que todo el estadio lo compartía con nosotros: como si nos quisieran dejar solos, en paz, con él. El Barakaldo marcó un gol. Mi hermano y yo nos dimos la mano. Los dos teníamos los ojos incendiados, preludio de algo que queríamos y conseguimos evitar. A partir de aquel partido, todo costó un poco menos.

Le hubiera gustado el estadio nuevo, a pesar de todo. A pesar del polvo, las goteras, los charcos y los baños; el frío, los partidos perdidos, los cabreos desmedidos y los errores del árbitro. Sé que le hubiera gustado. Y a mí me habría gustado que lo conociera. Echo de menos su sonrisa, su mano y aquel abrazo. Echo de menos todos los que no fuimos capaces de darnos. Sé que, con el tiempo, habríamos aprendido a darlos mejor. Aún hay días, porque la vida real nunca deja de darte ostias, que, esté donde esté, me doy la vuelta y le busco, debajo de la uralita, en la sombra, junto a sus amigos. Pero ya no está. Solo hay una cosa que me consuela, o que, al menos, me mantiene alerta, ajeno al desaliento: pensar que quizás, ahora, la que se dé la vuelta sea mi hija y yo deba ser quien esté atento. Eso me lo enseñó él. Igual que me enseñó a querer. A querer, incluso, a un equipo de fútbol. A aceptarlo como es, con lo que te gusta y con lo que no. A ver el fútbol con pasión y con paciencia, con sentido común y con fogosidad, con el equilibrio justo para que nunca pierdas de vista la única verdad: que no la hay absoluta y que siempre es relativa.

Así que, de verdad, creo que el fútbol no es solo juego, competición, dinero. Es vida, como solo puede serlo la vida: fría y triste, a veces, siempre real y posible. El fútbol es mi padre. Su recuerdo. Soy yo cuando él estaba y ahora que le echo de menos, que le recuerdo y le pongo en primera fila de estos cien años de historia que son de él como son míos y de todos nosotros. Vistos desde lejos, sin enfocar, ahí en el estadio, sentados en nuestros asientos, parecemos títeres sobre un fondo extrañamente multicolor. Pero, en realidad, no lo somos: somos los protagonistas. De cien años y de cien historias mínimas con personajes anónimos como ésta. El fútbol somos nosotros. Nosotros somos el club. Lo hemos sido durante cien años y lo seremos cien años más. 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Alberto Contador



Ha sido una vuelta entretenida, ¿no creéis? Yo, sí. Es una opinión muy personal, pero, de verdad, yo me lo he pasado muy bien. De acuerdo, Chris Froome cogió el liderato en la tercera etapa y ya no lo perdió. Quizás le hayan faltado rivales: individuales y colectivos. Sin embargo, la disputa de etapas, la lucha por el pódium, los continuos ataques, las muchas llegadas en alto... han hecho que la vuelta haya atrapado la atención de los aficionados fieles y de los que se dejan llevar por la curiosidad. No es el análisis más sesudo que podáis encontrar, pero digamos que ha sido una vuelta atractiva, entretenida, disputada y con detalles que quedarán para la historia y la memoria. Si fuese aún más exagerado, diría que ha sido épica, antológica, histórica... pero me voy a contener que, además, creo que sería ir un poquito lejos. En fin, todo lo dicho es porque yo así lo he visto y así creo que ha sido, aunque, una vez más, me quede en lo superficial y me conforme con una opinión subjetiva y poco elaborada.
Creo que los organizadores acertaron con el recorrido y con el diseño de muchas etapas. Abogo por las que incitan al atrevimiento: las cortas y sinuosas. También había un buen plantel de candidatos, aunque, con más atención, se podía sospechar que a alguno les iban a pesar los kilómetros de lo que iba de temporada. En resumen, parecía una vuelta propicia para lo que luego hemos visto. 
Ha sido, además, una vuelta en la que nos hemos topado con un montón de anécdotas, accidentes, sucedidos, ocurrencias, avatares... buenos y malos, execrables o no, que le han dado más picante y visibilidad a la prueba. Me dejaré alguno importante, pero, pongamos por ejemplo: a alguien en Almería le dio por quemar autobuses. Le tocó a los irlandeses del Aqua Blue Sport, que luego disfrutarían como enanos de la alegría que les dió Stefan Denifl al estrenarles en su debú. Connor Dunne, irlandés y corredor de este equipo, acabó último en la Vuelta y, siendo farolillo, una pintada de ánimo en la carretera dio lugar a una de esas noticias que te hacen ver cómo el buen aficionado a este deporte tiene otra forma de entender qué es precisamente animar y ser un aficionado. A Maxim Belkov lo tiró un aficionado que salió de la nada. Los detalles de la historia, que ya se podían presumir en el video, dejaron en buen lugar al ruso cuando no tuvo problema en perdonar y aprovechar para concienciar a la gente que no entiende la vulnerabilidad de los corredores cuando se les arriman para animarles. Una imagen: esa bandera que se enrolló en el manillar de David López. Fue curioso conocer más detalles sobre la capacidad organizativa del Team Sky, uno de los equipos más poderosos de la historia del ciclismo, que no solo gasta en nóminas, también en lavadoras y, en este caso, en casas móviles en las que te recibía Chris Froome casi que en pantuflas. Hubo más noticias ajenas pero encajadas en esta Vuelta, como la presentación de Mikel Landa como nuevo responsable de la Fundación Euskadi, en Logroño, aprovechando que la Vuelta pasaba por allí y descansaba el pelotón. Una buena noticia para el ciclismo vasco que convirtió el día de descanso en día de celebración también. Otras cuestiones adicionales, más deportivas, que lucieron esta vuelta fueron, por ejemplo, y sin duda alguna, la mediática retirada de Alberto Contador que se tradujo en un alarde de competitividad por parte del pinteño. O que se rozó el récord de 1996 (creo) de una vuelta entera sin victorias nacionales, algo que no permitió, precisamente, el madrileño. Las rampas y toboganes de Los Machucos también pasarán a formar parte de las imágenes de esta Vuelta, así como ver a Bernardo Ruiz, a sus más de noventa años, departiendo amigablemente con Adam Hansen o el propio Chris Froome, quien, por cierto, nos dejó otro detalle para el anecdotario al meterse en el esprint final en Madrid para salvar su maillot de la regularidad. La primera semana ya había esprintado en algún bonificable, si no me confundo. 
Por supuesto, uno de esos sucedidos que tenemos que añadir a lo que ocurrió deportiva y profesionalmente en la carretera, fue el más doloroso, lamentable y triste: la muerte de María Ferreira, una profesora de infantil gallega de 29 años, que falleció en el descenso del Angliru, después de haber disfrutado de la etapa. Una noticia luctuosa que merecía un hueco aquí para mandar un abrazo a todas aquellas personas allegadas, familiares y amigos que vieron oscurecidas sus vidas por esta triste noticia.

Volviendo a lo deportivo, voy a seguir por el patrón fijo que hemos repetido estos últimos años, y elegiré a mis nueve favoritos (ya sé que ahora vamos a por el ocho, pero yo así aprovecho la costumbre tradicional y puedo meter uno más). Me libro así de hacer un resumen más concienzudo y detallado que, para eso, ya tenéis otros medios y gente que sabe, conoce, y lo cuenta mejor. Solo, a modo de resumen brevísimo, digamos que la Vuelta a España 2017 acabó siendo la Vuelta de un Chris Froome que, después de tres segundos puestos y un cuarto, se llevó finalmente una victoria que ha perseguido con mucho ahínco. Tuvo que compartir el protagonismo con muchos, pero, sobre todo, con un Alberto Contador que anunció su retirada del ciclismo profesional y se propuso, sobre todo después de comenzar la Vuelta con muy malas sensaciones, despedirse por todo lo alto. Fue también la Vuelta de la confirmación de Matteo Trentin como hombre rápido (aunque aprovechara la ausencia de la mayoría de esprinters puros). David Villela se llevó la montaña y el Astaná la clasificación por equipos. Fueron 21 etapas, incluyendo una contrarreloj por equipos que se llevó el BMC Racing, convirtiendo al australiano Rohan Dennis en el primer líder de esta edición. De las otras veinte ocasiones para levantar los brazos, diecinueve vieron la victoria de un corredor no español, llevándose la palma Italia, gracias a las cuatro de Trentin y la que consiguió Vincenzo Nibali en Andorra. El segundo país con más alegrías fue Bélgica, que, además, lo consiguió con tres corredores diferentes (Yves Lampaert, Sander Armée y Thomas de Gendt). Para todo lo demás, como dice el anuncio, los que entienden de esto. Yo, ahora, siguiendo con la subjetividad, elijo a mis nueve corredores aunque, como siempre, podría haber elegido a otros nueve sin pestañear.


Chris Froome

Por supuesto, ¿no? Lleva cuatro años consecutivos haciendo doblete, Tour y Vuelta. Tenía a la segunda entre ceja y ceja. Y, al final, lo ha conseguido. Da la sensación de que el británico entiende este deporte y quiere mirar más allá del Tour de Francia, convertirse en un corredor más completo, mejorar su palmarés sin obsesionarse por la prueba más mediática. Su fidelidad y compromiso con la Vuelta ha sido una constante en los comentarios de la gente durante esta edición. Hay cierto respeto y admiración camuflado por el corredor. Quiero decir: en todo deporte se eligen favoritos, y casi siempre tienen que ver con razones relacionadas con aspectos que van incluso más allá de los méritos deportivos. Nos gusta ver ganar a los que consideramos de aquí. A veces, hasta repudiamos a los de fuera si se perpetuán en la victoria. Sin embargo, con Froome, parece que te incomoda pillarle tirria. Quizás porque siempre se muestra con buenas maneras, afable, sonriente, educado. Porque tiene detalles significativos con este deporte y con la gente que se dedica a él. En esta Vuelta, le hemos visto felicitar a Mikel Nieve nada más pasar la línea de meta, sonreír a Wouter Poels en el mismo momento en que la pasaba, buscar a Alberto Contador en la zona de prensa para felicitarle, departir con Bernardo Ruiz... Su victoria, creo, ha sido más sufrida de lo que parece. Ha resistido porque, igual que le pasó en el Tour con Mikel Landa y Michal Kwiatkowski, aquí encontró el apoyo de Mikel Nieve (le dejó a 500 metros en Calar Alto) o Wouter Poels (le llevó en romería hasta la cima del Angliru). Es decir, tiene uno de los equipos más sobresalientes y fiables de la historia del ciclismo. Eso es una ventaja y un privilegio. Pero, también es cierto, lo tiene porque merece la confianza de los que le otorgan las ventajas y los privilegios. Ganó dos etapas, distinguió los ataques, supo sufrir en ciertas rampas y, por supuesto, aprovechó los pocos kilómetros que hubo contra el reloj. Empezó la Vuelta concentrado, inspirado, demostrando que no tenía miedo a enseñar sus cartas y demostrar que venía a ganar. Y ganó. 

Alberto Contador

Llegó a 2:33 de los favoritos, acompañado de Peter Stetina, en la primera oportunidad que la Vuelta se empinaba de verdad, allá en Andorra La Vella. Muchos quisieron (quisimos) ver en ello un final poco digno y agradable para un corredor que anunciaba su retirada del ciclismo profesional tras catorce años como profesional y siete victorias en grandes vueltas (dos Giros, dos Tours y tres Vueltas). Sin embargo, el de Pinto, sacó fuerzas y orgullo de donde parecía no quedarle y se aventuró a lo que se ha aventurado en estas últimas temporadas y casi que en gran parte de su carrera deportiva: a los ataques más impresibles, a los repetidos, al empecinamiento de un corredor que se despidió en Madrid (y el día antes en los lugares más altos de Asturias) con una sonrisa de oreja a oreja y cara de mucha satisfacción. Acabó 4º en la clasificación final, fuera del pódium, y sin, a mi entender, la posibilidad clara de haber ganado la Vuelta. Pero lo intentó. Molestó. Creó. Y creyó. Y se llevó una victoria de las que se recuerdan en el Angliru, el reconocimiento de la gente y ese grito repetido en Madrid de "un año más", que no sé si le hará reflexionar, pero sería tomar muchos riesgos si no quiere estropear el broche de oro que le ha puesto a su carrera con esta Vuelta 2017. 

Por cierto, el madrileño, muy probablemente, se merece que, en este blog, aunque eso signifique poco, le dediquemos una entrada más compleja y esmerada, solo para él, dado que parece que le va a poner punto y final a su carrera. Sin embargo, como vamos sobreviviendo en una época en la que se nos hace duro venir por aquí con asiduidad y compromiso, mejor vamos a aprovechar esta ocasión para regalarle encabezamiento y fotografía y felicitarle por la despedida y por sus muchos años de carrera.

Matteo Trentin

El italiano sí creyó que tendría oportunidades de disputar esprints en esta Vuelta a España y no se la quiso perder. Muchos hombres rápidos debieron ver el recorrido y se dijeron que para pasarse la Vuelta en el furgón de cola, mejor no iban. El corredor del Quick Step, quien creo que se despedía del equipo belga aquí, se llevó cuatro victorias de etapa. Ganó en la primera ocasión que hubo volatta, dejando rezagados a Juanjo Lobato y a Tom Van Asbroeck. Ganó en Murcia al meterse en una etapa y fastidiarle la alegría de ganar en casa a José Joaquín Rojas. Ganó en Tomares y ganó la última en Madrid, aunque no le sirvió para quitarle el maillot de la regularidad a un Chris Froome que quizás no se tomó a bien que el italiano sumara puntos en un intermedio de esa etapa, no lo sé. Quizás, simplemente, quería ganar también este jersey. Trentin es un hombre rápido que también sabe meterse en escapadas y buscarse la vida. Tiene 28 años, y con estas cuatro etapas, entra en el distinguido grupo de corredores que ya ha ganado en las tres grandes. Le queda mucho por delante y en la Vuelta a España demostró que es una baza segura para celebrar victorias. 

Wouter Poels

Está Poels, como quizás podía estar Mikel Nieve, o Pello Bilbao, o Jesús Hernández (quien, encima, también dice adiós y no está recibiendo la despedida de su eterno compañero Contador). Pero Poels ha acabado 6º en la general final y a uno siempre le queda la duda de si no podría quedar más alto. Si no podría quedar más alto si no tuviera que trabajar, en este caso, para Chris Froome. Se le ha visto desaparecido en alguna etapa, pero sobrado en otras. Se le ha visto capaz de hacer todo lo que le pide su líder y después aguantar para llegar unos segundos después. Poels representa, en esta selección de nueve corredores, a todos esos peones que trabajan para otro corredor. Me acuerdo de Markel Irizar, por ejemplo, siendo atrapado por el pelotón después de una larga escapada y, en lugar de dejarse caer y descansar, aprovechar para recoger bidones y entregárselos a sus compañeros. Esa labor oscura y abnegada merece presencia aquí, aunque en el caso de Poels, su trabajo sea más visible y reconocido. Su 6º puesto en la Vuelta a España de 2017 es su mejor clasificación en una grande después de unos 10 años de carrera. Tiene 29 años, habrá que ver si esta progresión significa que su equipo quizás piense en él para otras cosas. 

Ilnur Zakarin

El ruso, a sus 27 años, ha dado el paso que le faltaba: 3º, primer pódium en una gran Vuelta, y la impresión de que pueden seguirle otros años en los que mejore o se vuelva a acercar a esto. El Team Katusha ha confiado en él y parece que confiará aún más en el futuro más cercano. Su equipo le cubrió bien en algunas etapas, confiando en él y trabajando con vistas a las últimas rampas. Y él no defraudó sacando del pódium a un Wilco Keldermann que también había hecho méritos para encaramarse a él. Zakarin es flaco, espigado, bailarín sobre la bici, escalador, atrevido hasta ahora y, aparentemente, hecho para el sufrimiento de tres semanas. Veremos cómo continúa su progresión cuando se encuentra en la edad clave para un ciclista profesional. Le falta rematar, ganar, hacerse contundente, pero este tercer puesto en una grande es una enorme alegría para el ciclismo ruso y una satisfacción para su equipo, el Katusha, que ve, por lo menos, razones para apostar por un corredor y construir un proyecto a su alrededor. 

Sander Armée

No es un recién llegado. Tiene ya 31 años. Ha terminado la Vuelta entre los veinte primeros y con su primera gran victoria, la que consiguió en el Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Le dio, además, una alegría más a su equipo, el Lotto Soudal, que se ha ido de esta Vuelta con el zurrón lleno de victorias. Armée era prácticamente un desconocido por aquí, a pesar de medir 1'89 y vérsele bien en el pelotón. Lo intentó en repetidas ocasiones en esta Vuelta y al final lo consiguió en Cantabria. Ha sido uno de esos nombres constantes en las escapadas y aventuras. Sobre todo, cuando se empinaba la carretera. Por eso está en la lista. 

Tomasz Marczynski

Y si estaba Armée, aunque con su nombre sirviera de símbolo para felicitar a todos los demás, no podía dejar de estar su compañero de equipo, el polaco Marcynski. Todo un veterano de 33 años ya y 11 años de carrera. Fue 13º en la Vuelta a España de 2012, una de las que ganó Alberto Contador. Marczynski ha visto ciclismo de diferentes clases y niveles. Hace solo dos años corría en el equipo continental búlgaro-turco Torku Sekerspor y puntuaba en el circuito africano de la UCI. Ganó la Vuelta a Marruecos y el Tour del Mar Negro. El Lotto Soudal le recuperó y él se lo ha agradecido llegando al cénit de su carrera, disfrutando de la máxima alegría, a los 33 años y cuando, quizás, ya nadie lo esperaba ya. Marczynski siempre ha sido un corredor duro, de los de buscar las escapadas en etapas de montaña o llegar justo en el grupo que viene detrás de los favoritos en las etapas más exigentes. Ha sido cuatro veces campeón de Polonia (tres en ruta y una en contrarreloj) y aún no ha debutado en el Tour. En esta Vuelta, sorprendió a todos en la llegada a Sagunto, siendo primero listo para apuntarse a la victoria final en la escapada y después venciendo al esprint por delante de su compatriota Pawel Poljanski y el español Enric Mas, quien quizás sí se confundió en la estrategia (por cierto, Mas era otro que apuntaba a incluirse en esta lista, aunque al final le haya dejado fuera, un corredor al que el propio Contador, barriendo para casa, claro está, que Mas es producto de su equipo de promoción, señaló como una de las mejores promesas para tomarle el relevo). Si nadie se esperaba que Marczynski fuera a estrenarse ese día, menos aún que repitiera en Antequera, aprovechando otra escapada, volviendo a ser más listo que nadie, y sacándole casi un minuto a otro grupo de compañeros de escapada, uno que encabezó un Omar Fraile que ha tenido una Vuelta complicada. Da gusto ver a este tipo de veteranos encontrándose con alegrías como estas, que no dejan de buscar pero que saben que cuesta encontrar. Merecía estar aquí.

Miguel Ángel López

El colombiano de Astaná deslumbró en Calar Alto y Sierra Nevada, donde se llevó sendas victorias en finales en alto, e incluso en otras donde no llegó a la victoria, y algunos pensamos que era rival para el pódium e incluso para la victoria final. Parecía inspirado y el escalador más revolucionario y peligroso. El único capaz de asestar ataques duros a los favoritos. Pero la última semana se le hizo muy larga. Tiene 23 años, acaba de empezar en esto. Sus comienzos en el Astaná fueron prometedores pero parecía haberse estancado. Aún así, en tres años con los kazajos, el colombiano ya acumula una Vuelta a Suiza, la Milán-Turín y etapas en Burgos, Austria o Tour de San Luis. Sin embargo, se esperaba más del ganador del Tour del Porvenir de 2014, y en esta Vuelta ha empezado a asomar: dos victorias, el maillot de mejor joven y primer puesto entre los diez primeros (8º). Se entiende que de aquí en adelante todo debe ir a mejor. Está llamado a ser uno de los grandes escaladores del pelotón, competir contra compatriotas como Nairo Quintana o Jhoan Esteban Chaves  (decepcionante 11º puesto en esta Vuelta de 2017 por lo que parecía que podía rendir a la vista de su primera semana) y con el que parece llamado a liderar esta nueva hornada de talento colombiano junto a "Superman" López, Egan Bernal, reciente ganador de la misma prueba que encumbró a López, el Tour del Porvenir. Porvenir tienen los dos, y, en este caso, López ya ha empezado a demostrarlo en esta Vuelta donde, además, ha contribuido a la victoria por equipos del Astaná. 

José Joaquín Rojas 

Normalmente mis listas son más exóticas y rebuscadas. He dejado fuera a gente como Vincenzo Nibali, Wilco Keldermann, Rafal Majka, Michael Woods, Julian Alaphilippe, Davide Villela, Stefan Denifl, Alexei Lutsenko... Todos ellos han saboreado victorias o buenos puestos en la general o en otras clasificaciones y podrían haber estado, sin duda, en la lista. Pero, como digo, tiendo a hacer listas que reconozcan otras cosas y, en esta, creo que he sido un poco predecible. Así que para premiar y reconocer a todos aquellos que lo intentan (en ocasiones en repetidas oportunidades) y no lo consiguen, dejé el último hueco en la selección para José Joaquín Rojas, que los representará bien. El veterano murciano de 32 años lo ha intentado muchas veces en esta Vuelta. Y lo tuvo cerca en alguna ocasión. La más llamativa, quizás, la que ya hemos mencionado. La que terminaba en su tierra y la rozó con las yemas de los dedos. Pero aún y con ello en línea de meta se le vió satisfecho solo por intentarlo y haber tenido la oportunidad. Son muchos años de carrera, muchos intentos, fallidos y logrados, que deben curtir y curtir bien. Son doce años ya como profesional para un corredor que, como les ocurre a muchos con el paso de los años, ha pasado de esprinter a rodador, a aventurero, incluso a gregario y a soportar mejor las cuestas. Campeón de España en ruta en 2011 y 2016, el de Cieza ha disputado 14 grandes vueltas por etapas y nunca ha paladeado la victoria por mucho que lo haya intentado. En esta Vuelta 2017, le pasó lo mismo. Pero hay dos méritos más que añadirle en esta edición. Por un lado, defendió y representó con orgullo, dándole visibilidad y presencia, a un Team Movistar que sufrió la baja de Carlos Betancur tras una lamentable caída cuando parecía que podía darle mucha presencia al equipo. Los de Eusebio Unzué han pasado una Vuelta complicada, con menos protagonismo y resultados de los que están acostumbrados, conformándose con los intentos de corredores como el mencionado Rojas, Dani Moreno, Nelson Oliveira y, sobre todo, la promesa de futuro que han dejando entrever tres corredores como Antonio Pedrero, Marc Soler y el ecuatoriano Richard Carapaz, una de las grandes sorpresas de esta Vuelta y candidato a estar en esta lista aunque al final no haya entrado. Entre todos ellos, por ejemplo, consiguieron que el equipo acabara en segunda posición en la clasificación final por equipos. El segundo mérito que se le podría subrayar a Rojas en esta edición de la Vuelta es que, tras disputar más de una docena de grandes entre Giro, Tour y Vuelta ha conseguido su mejor puesto en una clasificación final: 22º, lo que indica su buena carrera, su incidencia y todo lo que ha intentado darle protagonismo a su equipo.  

Y aquí llegamos nosotros a meta, que bastante hemos dicho sin dar una sola pedalada. Seguro que no damos la temporada por terminada y volveremos para hablar más de ciclismo antes de que llegue el invierno más frío y, como siempre, el barro del ciclocross le robe protagonismo al asfalto. Lo dicho: yo, por lo menos, me lo he pasado muy bien viendo esta Vuelta. Hacía tiempo que no me daban envidia la gente apostada en las cunetas. Quizás ha llegado el momento de volver a ellas. Veremos.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Joseph "Joe" Prunty



Por supuesto, hemos estado y estamos siguiendo el Eurobasket. De hecho, esta entrada que vamos a publicar ahora, como suele ocurrir demasiado a menudo últimamente, estaba lista (o pretendíamos que estuviera lista) para los primeros días de la competición. Vamos a publicarla cuando algunos equipos ya están clasificados para cuartos, pero, es lo que hay. Nuestro ritmo de escritura, en estos últimos tiempos, no le ve ni el rebufo al ritmo de la rutina. 
De todas formas, vamos a explicarnos: en lugar de hacer una entrada habitual, centrándonos en jugadores, expectativas, predicciones y de más tiempo gastado en jugar a esconder lo que no tenemos, decidimos, por cambiar, perderlo (el tiempo) en concentrarnos en los entrenadores (seleccionadores, en este caso), que es algo que, a menudo, solemos pasar por alto. Así, en esta entrada, que ya se ha quedado vieja y un poco fuera de lugar, repasamos a todos los entrenadores principales de todas las selecciones que disputan (o han disputado) el Eurobasket 2017. 
Para ordenarlo un poco, hemos hecho unas categorías un poco caprichosas, ya que los entrenadores se incluyen en una u otra dependiendo de nuestro pobre criterio, pero, al fin y al cabo, todos estarán incluidos. 

Entre los máximos responsables de las parcelas deportivas de las selecciones participantes en el Eurobasket, algunos quizás les resulten muy poco familiares al espectador medio o al aficionado más corriente. Por ejemplo, el seleccionador británico, Joseph "Joe" Prunty, no es un hombre muy conocido por el viejo continente. Prunty es norteamericano y ha hecho su carrera deportiva como entrenador ayudante en diferentes equipos de la NBA. Ahora, si no me confundo, está en los Bucks, pero antes estuvo en los Nets, Cavaliers, Blazers, Mavericks o Spurs, con los que, precisamente, ganó la NBA. A pesar de su veteranía y su extenso (aunque algo zigzagueante) currículo, supongo que a muchos les habrá sorprendido ver a Constandinos "Kostas" Missas en Grecia. Otros se acordarán de él hasta como jugador, cuando le llamaban "el general". Como entrenador ha tenido una carrera extraña: ha entrenado a varios equipos griegos y a algunos en épocas distintas (Panionios, Peristeri...), también fue seleccionador de Chipre, entrenador en categorías inferiores, seleccionador sub20 en Grecia y hasta se dedicó al baloncesto femenino... Quizás por eso, por no haber estado siempre en el baloncesto más visible, el profesional masculino de élite, su nombre suene raro o desconocido para algunos. Tampoco es muy conocido el nombre de Stojan Ivkovic, seleccionador de Hungría y jugador hasta 2006. De origen montenegrino, Ivkovic hizo una larga carrera como jugador en Hungría y ahí ha empezado también la de entrenador. Craig Pedersen (Islandia) es un entrenador canadiense con carrera como jugador y entrenador en Dinamarca. Erez Edelstein, primer entrenador de Israel, ya había sido ayudante en la selección de su país (y en el Olympiakos) y ha sido primer entrenador de Maccabi, Hapoel Tel Aviv, Hapoel Jerusalem, Hapoel Galil Elyon.... con lo que quizás su nombre no sea tan reconocible como los de Zvi Sherf o Pini Gershon pero es un entrenador con bagaje. Michael Richard "Mike" Taylor también es norteamericano, al igual que Prunty, y ahora se hace cargo de la selección de Polonia, pero ya antes fue entrenador en la de la República Checa. En el mundo de clubes, Taylor ha entrenado en Estados Unidos o Gran Bretaña, y en Alemania se hizo cargo del Ratiopharm. Otro entrenador que igual le suene desconocido a muchos es Ronen Ginzburg, seleccionador, precisamente, de la antigua selección de Mike Taylor, la República Checa. Ginzburg es israelí, pero llegó al Nymburk como ayudante y terminó de primer entrenador. Ahora, se encarga de la selección. Uno de los anfitriones de este Eurobasket, tampoco contaba con un seleccionador de nombre reconocible. Hablamos de Rumanía y de Marcel Dan Tenter, rumano y principal responsable de la selección que ha representado a su país en este Eurobasket 2017. Como jugador, Marcel Dan Tenter salió a Israel y Alemania; como entrenador, empezó hace menos de diez años y ahora está en el Cluj-Napoca de su país. Hace unos pocos años, Ucrania tenía un seleccionador mediático como Mike Fratello, pero ahora se encarga de la selección Ievgen Murzin, nacido en la meseta del Obi, ex jugador de las selecciones rusa y ucraniana, antiguo entrenador del Budivelnyk Kiev, y, como decimos, actual seleccionador de la selección ucraniana.

Otros seleccionadores son ya veteranos, habituales de la competición o, bien por su palmarés en clubes o por su experiencia como jugadores, nos resultan nombres más familiares o reconocibles. Hablamos por ejemplo, de gente como el seleccionador de Alemania, Chris Fleming. A sus 47 años, lleva desde 2015 en la selección, pero su nombre nos resulta conocido, entre otras cosas, porque después de una humilde carrera como jugador en Alemania, se encargó, entre otros, del Brose Baskets. Ahora, si no me confundo, combina la selección con la ayudantía en los Nets. Eduard "Eddy" Casteels, seleccionador belga, pasó antes por el Oostende, el Charleroi o el Pepinster, clásicos de la liga belga y del baloncesto europeo. Algunos, le recordamos hasta de jugador. Uno que aúna currículo, veteranía y hasta apellido famoso, es, como no, el seleccionador de Croacia, Aleksandar Petrovic. Hacía tiempo que no sabíamos nada de él. Hace ya años desde su trabajo en Sevilla, por ejemplo. Entrenó luego a equipos como la Cibona, Cedevita, Lietuvos Rytas, UNICS... Ya había sido seleccionador de Croacia y de Bosnia y hasta de Macedonia sub 20. Para las jóvenes promesas croatas, su magisterio les vendrá muy bien. El seleccionador español, por supuesto, el italiano Sergio Scariolo, no necesita presentación. Tanto en clubes como en selecciones (y su trabajo más reciente con España así lo atestigua) estamos ante uno de los entrenadores europeos más laureados y reconocidos. Henrik Dettmann, seleccionador de Finlandia en la actualidad, está a punto de cumplir 60 y es un nombre conocido del baloncesto europeo. Ex seleccionador de Alemania, también entrenó al Besiktas y o el Strasborug francés. Precisamente en Francia, Vincent Collet es uno de los grandes clásicos: seleccionador francés desde 2009. Italia cuenta con Ettore Messina, ahora ayudante de Gregg Popovich en los Spurs, pero uno de los entrenadores europeos con mayor prestigio. Ya tiene a la selección italiana en cuartos a pesar de las carencias y las bajas de un equipo que él dirige desde la banda con su habitual rictus serio y sus correspondientes gestos de cabreo continuo. Además, en este Eurobasket, nos dejó una de las ruedas de prensa más reveladoras, además con un toque de humor, del campeonato. Todo por culpa de las dichosas ventanas FIBA. Ainars Bagatskis (Letonia) es un seleccionador con caché y currículo que lleva una carrera ascendente: Maccabi, Darussafaka, Nizhny Novgorod, Budivelnyk. Lo hemos puesto en orden inverso. Si no me confundo, Bagatskis es seleccionador desde hace siete años. Bogdan Tanjevic ha trabajado para Montenegro en este Eurobasket. A sus 70 años, Tanjevic ha sido seleccionador de Yugoslavia, Italia y Turquía, y ha entrenado a Bosna Sarajevo, Juvecaserta, Trieste, Olimpia Milano, Limoges, Buducnost, Villeurbanne, Virtus Bolonia o Fenerbahçe. Lleva entrenando todo el tiempo que el baloncesto europeo lleva madurando. Un solo ejemplo, y de sus comienzos: con Bosna Sarajevo fue campeón de Europa en 1979 entrenando a una leyenda como Mirza Delibasic.

Podríamos incluir otra categoría relativa que agrupara a entrenadores (aún) jóvenes, noveles (por distintas razones) o principiantes, pero con cierto reconocimiento, ya sea por sus carreras como entrenadores (aunque sean recientes) o por sus logros como jugadores. Hablamos de gente como Igor Kokoskov, seleccionador de Eslovenia, antes seleccionador de Georgia, quien ha hecho una carrera muy relevante como entrenador asistente en la NBA (Jazz, Magic, Cavaliers, Suns, Pistons, Clippers). Empezó a trabajar en Estados Unidos allá por el 2000, y su nombre siempre aparece cuando alguien juega a adivinar quién será el primer entrenador europeo en la NBA. Ilias Zouros, griego (fue seleccionador de Grecia), ha hecho gran parte de su carrera fuera de Grecia. Llegó a ganar la Liga de Líbano con el Sagesse, por ejemplo, y creo que ahora anda por el Buducnost. Lucha por hacer carrera como entrenador y ahora lo intenta con las selecciones, en este caso, con la de Georgia. Dainius Adomaitis, seleccionador de Lituania, se retiró en 2009. Como quien dice, acaba de empezar su carrera de entrenador. Creo que está (o estaba) entrenando al Neptunas Klaipeda de su país, pero aún hay veces que le ves en el banquillo y piensas que en cualquier momento puede ponerse la camiseta y salir a la cancha a tirar de tres. Sergey Bazarevich, seleccionador de Rusia, fue un base de reconocido prestigio, que pasó por sitios tan dispares como los Hawks de Atlanta y el equipo de Cáceres que jugó en ACB. Como entrenador, ya lleva muchos años. Empezó como ayudante de prestigio y ya ha entrenado, como primer técnico, en Turquía, Rusia o Italia. Ahora se enfrenta al gran reto de ser el seleccionador de su país. Aleksandar Djordjevic (Serbia) no necesita presentaciones como jugador y como entrenador, aunque, para muchos, parezca que aún está empezando, tampoco. De hecho, es seleccionador Serbio desde 2013 y entre los equipos que ya ha entrenado, grandes nombres como Armani Milán, Benetton, Panathinaikos o Bayern Munich. Turquía se enfrenta hoy a España por un puesto en cuartos de final y estará dirigida por Ufuk Sarica, quien empezó de ayudante en Besiktas, Anadolu y la propia Turquía, y no ha parado hasta ser primer entrenador de todos esos equipos y del  Pinar Karsiyaka también.

Creo que los hemos mencionado a todos. Como corolario, añadamos que entre la nómina de ayudantes de todos esos técnicos ya mencionados, también te encuentras a jugadores o entrenadores reconocidos que ayudan en verano a sus países. Por ejemplo, en Alemania nos encontramos con Henrik Roedl, un histórico del baloncesto alemán en los años finales de la década de los 90. Al fin y al cabo, fue un sorprendente campeón de la NCAA en el 93 con North Carolina. Era la North Carolina de Donald Williams, Derrick Phelps, Eric Montross, George Lynch o Dante Calabria y sorprendieron a los Wolverines de Michigan en la final. Un equipo donde jugaban, entre otros, futuros grandes jugadores como Chris Webber, Jalen Rose o Juwan Howard... Roedl también dejó huella en el Alba Berlín de finales de los 90 y principios del siglo XXI, el que ganó la Copa Korac de 94-95, de la mano de Svetislav Pesic al ganar en Berlín tras un primer partido que acabó en empate en Milán. Era el Olimpia Milano de Ettore Messina donde jugaban Ferdinando Gentile, Dejan Bodiroga, Alessandro de Pol, Davide Messina, Hugo Sconocchini, Gregor Fucka... En Berlín, además de Roedl (16 puntos y 6 asistencias en aquel histórico partido), el mejor fue Teoman Alibegovic, acompañados de gente como Sasa Obradovic, Günther Behnke o Ademola Okulaja. Roel Moors también trabaja de ayudante para Bélgica. Moors es un histórico base de la selección Bélgica de principios de este siglo. En Eslovenia está Jaka Lakovic, quien ya empezó a hacer este trabajo en el filial del Barcelona y seguirá el año que viene haciéndolo para Carles Durán en Bilbao. Jordi Fernández trabaja para Sergio Scariolo en España. Fernández tiene una larga carrera como entrenador ayudante en la NBA. Pascal Donnadieu (Francia), ayuda a Collett, pero lleva 30 años siendo el primer entrenador del Nanterre 92, un equipo que ha esperado hasta estos últimos años para cosechar grandes éxitos, incluso en Europa. También en Francia trabaja Laurent Foirest, ex jugador de Antibes, Pau Orthez, Villerbaune y Baskonia, donde dejó una gran imagen en los años que duró en Gasteiz. Jurica Golemac, ayudante en Georgia, no hace mucho que se retiró. El esloveno fue una de las grandes promesas del baloncesto europeo a finales de los 90. Quizás no llegara tan alto como prometía, pero en su currículo como jugador encontramos a equipos del novel de Efes Pilsen, Cibona, Ural Great, Hapoel Jerusalem, Paris-Levallois, Virtus Roma, Panathinaikos, ALBA Berlín... En Gran Bretaña, encontramos trabajando de ayudante al español Alberto Lorenzo Calvo, entrenador ayudante de larga tradición en el Estudiantes, donde ha trabajado, entre otros, cono José Vicente "Pepu" Hernández, Txus Bidorreta, Lluis Casimiro, Trifón Poch, Diego Ocampo o Sergio Valdeolmillos. En Lituania, ejerce como ayudante de Adomaitis, todo un histórico reciente de la selección lituana como Ramunas Siskauskas, MVP de la Euroliga en 2008, que ganó con CSKA, un solo detalle para reflejar el peso de Siskauskas en estos últimos años de baloncesto europeo. En la República Checa, por último, nos encontramos con otro nombre reconocible, el de Lubos Barton. Hace solo un par de años, aún ejercía de entrenador en el Barça B de la LEB Oro, encomendado a prácticas que iban más allá de meter puntos. Barton ha terminado con una larga y meritoria carrera de jugador que le ha llevado por Alemania, Chequia, ACB o Italia, después de salir de la Universidad de Valparaiso, con quienes se formó en la NCAA.

Lo dicho. Hace tiempo que deberíamos haber publicado esta entrada, que no deja de ser un tanto subjetiva y enrevesada. En cualquier caso, hecho está. Quizás volvamos cuando termine el Eurobasket y añadamos algo más. Por ahora, lo disfrutaremos en silencio y, a esto, le ponemos los nombres de los protagonistas en negrita, elegimos el de Joe Prunty para titular (más que nada porque ha sido el primero que mencionamos), elegimos una fotografía y a otra cosa. 

miércoles, 23 de agosto de 2017

Fadi El Khatib


 
Si el otro día hablábamos de la FIBA AmeriCup 2017 antes de que ésta se haya disputado, ahora vamos a hablar de otra competición FIBA, la Asia Cup, justo cuando acaba de terminar. También ésta era una edición especial. Disputada en Beirut, suponía la primera participación de equipos de Oceanía tras la reestructuración de las zonas geográficas que disponen los campeonatos FIBA.
Y el impacto de estos nuevos equipos no ha podido ser mayor. Desde 1975, la selección de China había ganado 16 de los 21 campeonatos disputados. Ahora, el nuevo vencedor es Australia, que se lleva la edición de 2017, la primera en la que participaba tras la inclusión de Oceanía, con un palmarés impoluto: 6 victorias en 6 partidos. China, por su parte, ha sido la decepción del campeonato al acabar en la sexta plaza.
Australia ha vencido, además, con un contundente 79 a 56 en la final contra Irán, donde jugaba el MVP del Campeonato, Hamed Haddadi (más de 16 puntos y 10 rebotes por partido), quien ya acumula, con éste, cuatro galardones de mejor jugador del torneo. Los otros tres los consiguió en 2013, 2009 y 2007.
Precisamente, en 2015 y 2011, el jugador más brillante de aquellos campeonatos fue uno que renunció a disputar este de 2017 con su selección, Yi Jinlian. No ha sido la única baja importante en este campeonato, ya que, igual que está ocurriendo con el europeo, éste torneo también se ha caracterizado por las ausencias. Entre otros, y además de Yi Jinlian, no jugaron hombres importantes como Patty Mills, Andrew Bogut o Isaac Fotu.
Pero hubo otros, como los que conformaron el mejor quinteto del campeonato de Beirut. Además del exNBA Hamed Haddadi, del que ya hemos hablado, los otros cuatro elegidos fueron el veterano interior de Corea del Sur Sekeun Oh, el veterano alero de Líbano Fadi El Khatib (quien, a sus 38 años, dijo adiós a su carrera como internacional), el escolta de Irán Mohammad Jamshidi y el base de 24 años neozelandés Shea Ili. En la final, destacó el australiano Brad Newley, viejo conocido de la ACB, pero para la selección australiana dirigida por Andrej Lemanis (ayudado por Luc Longley), hubo otros jugadores importantes, como el mejor anotador (Mitch Creek, 25 años, jugador del Adelaide 36ers australiano), el mejor reboteador (Matthew Hodgson, 26 años, jugador del Knox Raiders australiano) y el mejor pasador (Jason Cadee, 26 años, jugador del Kymis BC griego).
Posdata: Como siempre, hay que elegir a uno y le vamos a dar el titular a Fadi El Khatib, un jugador que lo ha sido todo y lo ha ganado todo, o casi todo, en el Líbano y los campeonatos asiáticos y que llegó a salir fuera para jugar en Ucrania y China. Un alero anotador y bregador, al que la selección de su país echará mucho de menos. La fotografía, sin embargo, se la damos a Hamed Haddadi.

sábado, 19 de agosto de 2017

Manuel "Manolo" López Martínez

Autor: Raúl Luceño Caro
Número de socio del Barakaldo Club de Fútbol: 208







Mi puerta. Versión 2017.

 
“Un compañero de la universidad es portero del Barakaldo”. Eso, nada más y nada menos, le decía un amigo de Arnedo a su cuadrilla hace alrededor de 20 años. No mentía. Ese compañero era yo. Yo fui portero del Barakaldo.
Yo fui portero del Barakaldo cuando el Barakaldo era sinónimo de playoff de ascenso a segunda división cada temporada. Yo fui portero del Barakaldo cuando el conjunto vizcaíno portaba la vitola de equipo grande en horas bajas; cuando Lasesarre era un campo inexpugnable.
Yo fui portero del Barakaldo cuando Lasesarre era Lasesarre, el antiguo Lasesarre. Un estadio vetusto, con tribuna de madera y preferencia cubierta con chapa de uralita. Cuando la hinchada se desplazaba de un fondo a otro en el descanso con el fin de respaldar el ataque del equipo gualdinegro.
Yo fui portero del Barakaldo sin tener que recoger balones del fondo de las mallas. Un portero imbatido. No hizo falta calzarme unos guantes ni unas botas de tacos ni calarme una visera con la que proteger mi visión, en los balones aéreos, para que no me deslumbrase el sol.
El portero del Barakaldo que yo fui usaba otras herramientas, a saber: un taladro, un chaleco fluorescente y, sobre todo, una boina roja. Una boina roja que me identificaba como portero, como pica, como interventor. El taladro se usaba cuando los carnés de socios no tenían códigos de barras que se validaban con un lector láser. Con el taladro se picaba la cartulina inserta en una funda de cuero con el escudo del equipo grabado en color dorado y con la leyenda, debajo, que decía “Fundado en 1917”. El chaleco fluorescente, supongo, que no recuerdo, se nos impondría como objeto con el que tratar de modernizar aquella labor. No sé.
Yo fui portero del Barakaldo defendiendo el arco del fondo de La Cábila. El opuesto al del marcador de Beyena. La puerta de la entrada de la calle Murrieta. Esa en la que los balcones de los pisos más altos ofrecían un privilegiado y doméstico palco con el que seguir las evoluciones de los gualdinegros y sus rivales. La puerta de La Cábila. Mi puerta.
Cuando yo fui portero del Barakaldo, en casa, en la casa de mis padres, disponía de una Olivetti PT505. Una máquina de escribir electrónica que le compraron a mi hermano para sus estudios de magisterio. Un aparato que heredé para mis propios trabajos académicos. Una máquina con la que escribí un texto titulado “Mi Puerta”.
Aún nos descojonamos, la verdad. Es un incunable. Aquel texto se imprimió y se compartió, sin visos de viralidad, más allá de los que me rodeaban. Esos, estos, aquellos son los que se descojonaron y se descojonan. Nos descojonamos. Un incunable desgraciadamente irrecuperable que pretendía ser una especie de descripción costumbrista de un boina de Lasesarre, en Lasesarre, con la puerta de La Cábila como símbolo. Mi puerta.
No recuerdo muy bien qué contaba yo en aquel escrito del que todos nos descojonamos aunque, en el fondo, para mí, era una cosa muy seria. Qué escribiría yo en aquellos iniciáticos pinitos columnistas. A saber.
Supongo que mencionaría el hecho de que la puerta de La Cábila, mi puerta, era la que quedaba más cercana de la próxima calle Letxezar, paralela a Murrieta, en la que tres o cuatro bares (el Arconada y alguno más cuyo nombre ahora no recuerdo) hacían su agosto cada quince días en los prolegómenos del match y en el descanso del mismo. La gente salía en masa a abrevar cuando finalizaban los primeros 45 minutos. A tomar el patxaran, el sol y sombra o el Gin Tonic. Un pelotazo en un cuarto de hora, el tiempo justo para regresar calentito a ver la segunda parte.
Supongo que, en este sentido, recordaría la revolución que se formó cuando el club decidió prohibir esas salidas al descanso. Ay, que me tiran la puerta, mi puerta, abajo, pensaba yo. A lo mejor he de pedir protección policial. No hizo falta. La iniciativa fue infructuosa y no se pudo impedir que la gente saliese a echar el cacharro.
Además de esa referencia a la marabunta de socios sedientos, supongo que en aquel “Mi puerta” de 1996 o 1997, también me acordaría de los que se quejaban por pagar la entrada cuando el club dictaminaba día del ídem. Rememoraría, digo yo, el balonazo en la cara que me comí mientras picaba un carné y uno de nuestros jugadores no afinó la puntería en el calentamiento. En aquel texto quedarían reflejados, digo yo, los supporters de Peñarol y el Colectivo que atravesaban mi puerta cada domingo; o aquel socio que portaba un cuerno que hacía sonar como si acabase de hollar un monte bocinero antes, durante y después de cada encuentro; o aquellos otros, elegantes, escudo del Baraka dorado engarzado en la solapa, con sus interminables Farias, atufándonos cuando se refugiaban de la lluvia en la tejavana protectora de mi puerta.
Esas y otras cosas, supongo, escribiría yo en aquella Olivetti.  Una muestra más de mi enfermedad gualdinegra. Otro ridículo indicador de la pasión hacia unos colores, el amarillo y negro, que, de alguna forma, pretendí significar en aquella dedicación y simbolizar en aquella puerta, Mi Puerta.
Dónde estará aquel folio. Probablemente, no exista, aunque no tengo yo el recuerdo de haberlo roto o tirado. Habría estado bien recuperarlo en estas fechas, cuando se cumplen 100 años de historia del Barakaldo CF. Cuando unas letras así, quizá, lo dudo, no sé, podrían servir para reivindicar un sentimiento que amortigüe un poco el mal rollo de los últimos meses.
Bah, supongo que, en realidad, sólo habría servido para descojonarnos mis colegas y yo con la sarta de bobadas impresas en aquel escrito titulado “Mi puerta”. Lo cual, por otra parte, no habría estado nada mal. Habría estado muy bien reírse de cuando fui portero del Barakaldo.
 
PD: casualidades de la vida, el 22 de junio, fecha en la que se escribe esto, me entero, al ver su esquela, del fallecimiento de Eugenio Roldán, un tipo afable, boina de San Mamés, que durante muchas tardes, nos acompañó en Lasesarre, con el fin de concienciarnos de que, como interventores de estadio, debíamos negociar una serie de condiciones laborales con el club, algo que, con su asesoramiento, conseguimos. DEP.