miércoles, 14 de febrero de 2018

Galder Reguera



He decidido que, si iba a hacerlo (una condicional justo antes de una demostración de fuerza y afirmación no es algo muy halagüeño, ¿verdad?), debía hacerlo ya. 

He leído el libro en dos plazos. 

Me lo compré en Navidades. Como una especie de auto regalo descuidado. Pasas por allí, lo ves, lo coges, y te animas. Empecé a leerlo a los pocos días, sin prisa, pero con continuidad. Eso es algo que no me sucede últimamente. Y últimamente tiene tantos años de significado como letras el adverbio. Hace mucho que no leo con soltura. Sigo comprando libros, y los apilo. Antes podía acercarte a las baldas de casa (cada vez hay menos, porque otras preferencias han requerido el espacio, pero siempre habrá baldas) y hablarte de libros que leía. Hoy casi es más fácil acercarse y que te cuente algo de los que he comprado y pretendo (pretendía) leer. Antes no tenía el trabajo que tengo ahora. Antes leer y escribir no eran funciones, tareas o simplemente actividades que ocuparan ese tiempo medido que le dedicamos a la obligación.

Este empecé a leerlo como antes leía los libros. Cuando era más joven y vivía más tiempo solo, aunque estuviera acompañado, los libros eran mi compañía, la íntima, aunque estuviera acompañado por otras cosas, por personas. Hacía piras a clase y me bajaba al borde de la ría a leer. Salía de casa los viernes a media tarde y me escondía junto a los depósitos de agua, para poder fumar, pero, de paso, leer. Me encerraba en mi cuarto, leía o escribía. Los domingos me montaba en el tren de cercanías y paseaba durante horas, indeciso, por los puestos de libros de segunda mano en la Plaza Nueva. Al volver, en el tren, ya empezaba y casi llegaba a casa con alguno leído. Con el tiempo fui abandonando los libros para abrazar la experiencia directa. 

Este empecé a leerlo como leía entonces. Y lo que es mejor: sin expectativas. No me gustaba el título, sí la portada. Por lo general, los libros que he leído de fútbol me han aburrido. No todos, pero muchos. No tenía muchas esperanzas. Ni tan siquiera sé por qué lo compré. Probablemente, porque me dije: si compras una novela, nunca la lees. Si compras poesía, la lees como si estuvieras escuchando en shuffle. Si compras ensayo, ni lo abres. No sabía muy bien de qué iba este, pero si era de fútbol, resultaría más llevadero. Para leer en el metro. Cuando te encierras en el baño. Si se jode internet y no funciona Netflix. Ya me entiendes.

Así empecé a leerlo, pero también lo dejé, lo abandoné, me olvidé de él cuando iba por la mitad. Porque podemos tirarnos horas dando consejos, leyendo cómo nos los dan, aspirando a oler las nubes, lo que tú quieras, pero, al final, los que no sabemos cómo hacerlo mejor, acabamos superados por la rutina. Así que tuve que dejarlo aparcado ahí, junto al teléfono fijo, que tampoco se usa, y volver a otras lecturas más rutinarias y obligatorias.

Sin embargo, hace un par de días pasé por Lezama. Mi mejor amigo curra allí, en las instalaciones más que en el pueblo. Era miércoles por la tarde y no había entrenamiento del primer equipo. Estaba todo quieto y en silencio. La lluvia ligera parecía una cortina, un telón de fondo. Estuvimos un rato charlando debajo de la cornisa de la cafetería. Hasta que la abrieron y entramos dentro a tomar un café. Vi a Blas Ziarreta pasear tranquilo con el paraguas abierto. No sé si antes o después le hablé a mi amigo del libro y entonces me acordé de él.

He terminado de leerlo hace diez minutos. En un tirón de un par de días, sin que me importara lo que dejaba aparcado para seguir adelante con éste, como leía entonces y como aún, y este me ha servido de prueba, soy capaz de seguir leyendo ahora. Según he terminado, he sabido que, como decía al principio, si iba a escribir de ello, tenía que hacerlo ya. Así que ya lo estamos haciendo.

El libro en cuestión, que quizás es lo primero que deberíamos haber dicho pero aquí nos gustan los rodeos, es Hijos del fútbol, escrito por Galder Reguera y publicado por Lince en 2017. Unas 200 páginas, incluyendo el prólogo de Ignacio Martínez de Pisón, que intentan dilucidar la ecuación del título: ¿de qué va el libro? ¿De fútbol o de paternidad? Creo que hay un momento, casi al final, en el que Galder Reguera da la clave, y espero que se me permita citar: "No hay mucha diferencia entre el fútbol y la vida. Parece una frase barata de manual de fútbol, pero es así. Al menos, en mi caso. Lo que me sucedía (y cuando juego me sigue sucediendo) sobre el campo me pasa también fuera de él. En el fondo, todo me da miedo y en general no tengo ni idea de qué hacer." En este extracto, que luego desarrolla y relaciona con la paternidad, Reguera descubre el hilo que une las distintas historias de su libro y resume la esencia principal de todas ellas. Es un libro sobre relaciones, más que sobre fútbol: las relaciones padre-hijo, principalmente, pero desde diferentes ángulos o con distintas direcciones; las relaciones abuelo-nieto; aficionado-equipo; profesional-amateur; niño-adulto; escritor-personaje; filósofo-fanático; ego-yo. No es un libro de muchos personajes. Incluso los que parecen importantes, se hunden, se pierden. Yo los reduciría a dos, aunque, incluso, pensé en reducirlo a uno. La primera frase del libro es "Oihan, mi hijo mayor, pronto cumplirá cinco años". El libro se cierra con una conversación susurrada entre el padre y el hijo. Creo que, en realidad, la parte en la que el texto alcanza el desarrollo que quizás algunos personajes no tengan es en el tema: mezclar fútbol con la vida digamos normal. Las reflexiones personales del escritor, en torno a sus relaciones personales y profesionales, con la que construye una visión del mundo tan personal como extrapolable es quizás lo más enriquecedor de un texto que, por otra parte, una parte más técnica, se describe por su facilidad de lectura, a pesar de la profundidad de alguna de esas reflexiones, maduradas y acompañadas de citas, que, eso sí, combina con anécdotas, experiencias partículares y un espíritu biográfico que no desdeña el humor, sobre todo, ese incisivo que recae sobre uno mismo. Además, y sobre todo, a riesgo de parecer inocente y crédulo, diré que el libro desprende, al menos así lo he leído yo, sinceridad a la hora de traslucir los fallos y los vicios más que las virtudes y los aciertos, e inmediatez cuando juega con el filtro de la perspectiva al pasarlo todo a texto escrito.

En el debe, que hay que ponerle alguno, probablemente le pondría cierta falta de concordancia general. El texto discurre sin que sepamos de dónde venimos y a dónde vamos. Puede que forme parte de la naturaleza de un escritor que dice que aún no sabe atarse bien los zapatos, pero, en ocasiones, la falta de pausas, llámalo secciones, o de un hilo conductor más evidente y sólido, parece ir en contra de la eficiencia del texto. No es que yo sea un lector cómodo que quiere que se lo den todo trillado, o quizás sí y pretendo no serlo, pero creo que el uso de secciones, capítulos o saltos de página, por ejemplo, hubiera ayudado a estructurar ciertas historias o pasajes del libro, proporcionándole a la narración una redondez que habría ido en beneficio de lo que se cuenta.

En lo más general, podría añadir que, si quieres profundizar en el poso intelectual y literario que acompaña al fútbol, aquí lo encontrarás. Están mencionados todos, o casi todos, desde Eduardo Galeano a Juan Villoro. Puedes superar la misma indecisión intelectual que el autor parece confesar y convencerte de que no todo es lo que parece y que los extremos solo sirven para agudizar lo que hay en el medio. Ese es en parte el espíritu con el que se ha escrito este libro, abierto a abrazar la paradoja y lo contradictorio, incapaz de aceptar las cosas por herencia o estandardización. Además, encontrarás buenas anécdotas, como la de Ardiles y el número de su camiseta, por ejemplo, que podrás usar después en conversaciones de bar. Tú deberás ponerle tu propia moraleja, si quieres. Personalmente, he disfrutado aún más las reflexiones y opiniones de Reguera sobre el mundo del fútbol moderno, sobre lo que él llama el "fútbol humanista", sobre las profundidades de la condición de aficionado, el sesgo emocional que alguno aún subrayamos, su función social o cultural, y/o la educación o formación que este juego puede y debe proponer. Lo he disfrutado, sobre todo, porque Reguera las propone como preguntas, como meditaciones, más en base a la duda y la búsqueda de la respuesta que como afirmaciones contundentes que solo busquen iluminar y ponderar. Sus ideas, al menos a mí me ha ocurrido así, te llevarán a más preguntas y te ayudarán a ver que sí, el fútbol no difiere mucho de la vida, y, como ocurre con esta, en gran medida, es solo nuestra culpa que la/lo estemos arruinando.

A mi amigo le prometí que le prestaría el libro, pero antes, tengo que pasar las notas que he ido amontonando. Es uno de esos libros. De esos de los que provocan miedo en las cosas rasgables que tienes alrededor. Porque estás leyendo y, de repente, quieres seguir, pero quieres recordarte que, en algún momento, tendrás que volver a la página que quieres pasar, y miras a tu alrededor, y arrancas de donde puedas arrancar: kleenex, servilletas, post-its perdidos, la lista de la compra que aún llevas en el bolsillo, el resguardo de cuando repostaste en la gasolinera, la estampita de la virgen, lo que sea. Es, también, uno de esos libros de los que hablaba Holden Caulfield: de los que te dan ganas de coger el teléfono, llamar al autor e irte a echar unas cervezas para hablar del suyo y de muchos otros. Probablemente, hubiera sido capaz de hacer una crítica más fundamentada y seria si, precisamente, hubiera hecho eso antes: ir de vuelta a las notas y pasar de nuevo por las páginas. Pero he leído este libro como leía antes y también quería escribir como escribía antes: sin vértigo, sin puntos cardinales. Sin pausas. Sin los filtros que te da la conciencia, la consciencia y haber dejado de leer y de escribir como leía y escribía antes. Ahora, lo único que me queda es volver a jugar al fútbol igual de mal pero felizmente como lo hacía antes. Y hacerlo con mi hija, sin que me importe una mierda si me he atado bien o mal los borceguíes. 


jueves, 8 de febrero de 2018

Hank Biasatti



Esta entrada nace de la lectura de un artículo de prensa (para mí, digital) que se publicó hace unos días bajo el título de "Canadá también existe (y vaya que sí)". El artículo está firmado por Ángel Resa. En su escrito, Resa escribe sobre la candidatura de los Toronto Raptors para luchar por el triunfo en la conferencia Este, más aún después de la rotunda victoria por 111-91 ante los Celtics que era, en realidad, la que daba pie a el artículo.

Resa repasa el protagonismo regular de los canadienses en su conferencia, pero siempre "desde un segundo peldaño", como dice él. Como explica el autor hay causas externas, lo que el llama "culpas ajenas", que sería el mal rendimiento de otros equipos que estaban llamados a dominar (Cleveland Cavaliers, por ejemplo) pero también propias, por supuesto.

Resa destaca, sobre todo, al entrenador Dwayne Casey, ya en su séptima temporada, y el rendimiento exterior de dos hombres fundamentales, DeMar DeRozan y Kyle Lowry. Pero también incluye entre los argumentos favorables cómo han "estirado la plantilla" y destaca, en el juego interior, el rol de Jakob Poeltl y Pascal Siakam como reservas de Serge Ibaka y Jonas Valanciunas. Termina destacando la aportación en la rotación de jugadores como Fred VanVleet, CJ Miles y Delon Wright. Y concluye:

"El cuadro de Casey es serio, riguroso y activo, tiene fe y hambre, quiere hollar las tierras elevadas que viene husmeando los últimos años sin alcanzar a pisarlas. De tercera opción del Este a pelear el título de la conferencia y empeñarse en representarla para la disputa del anillo."

Resa también incide en los buenos resultados domésticos y en la afición, una afición reconocida por su compromiso que se agrupan bajo la leyenda de "We the North". Ontario se ha quedado sola como representante de Canadá después del ya lejano traslado de Vancouver Grizzlies a Memphis. No incluye este dato, pero lo pongo yo, según el ránking de asistencia a los pabellones que hace (o al menos publica) la ESPN, pinchad aquí si lo queréis ver (ranking) , los Raptors son el cuarto mejor equipo de los treinta que componen la NBA en asistencia: con una media de 19.823 asistentes por partido en casa, solo superados por Sixers, Cavaliers y Bulls. Lo de los Bulls tiene mérito esta temporada (20.633 de media).

De todas formas, en esta entrada queríamos ir más lejos, más lejos de lo que va Resa aunque su titular pareciera que nos iba a llevar hasta allí. Aunque sea superficialmente, como siempre, en esta entrada aspiramos a observar la relevancia de Canadá, como país, en la NBA. Nos circunscribiremos, después de un breve análisis de los Raptors (e igual hasta de los Vancouver Grizzlies) al estudio numérico y parcialmente cualitativo de los jugadores canadienses participantes en la NBA, los que históricamente lo han hecho y los que aún lo hacen, así como su repercusión en el draft, moviéndonos solo en la franja de los últimos cinco años.

Empezemos por el único equipo canadiense que sobrevive en la liga profesional de baloncesto norteamericana. Según la web oficial de Toronto Raptors, la plantilla la conforman los siguientes jugadores: OG Anunoby, Lorenzo Brown, Bruno Caboclo, DeMar DeRozan, Serge Ibaka, Kyle Lowry, Alfonzo McKinnie, CJ Miles, Malcolm Miller, Lucas Nogueira, Jakob Poeltl, Norman Powell, Pascal Siakam, Jonas Valanciunas, Fred VanVleet y Delon Wright. Delon Wright, Fred VanVleet, Norman Powell, Malcolm Miller, CJ Miles, Kyle Lowry, Alfonzo McKinnie, DeMar DeRozan y Lorenzo Brown son norteamericanos. Pascal Siakam (Camerún), Jonas Valanciunas (Lituania), Jakob Poeltl (Austria), Serge Ibaka (España), Lucas Nogueira (Brasil), Bruno Caboclo (Brasil) y OG Anunoby (Inglaterra) son jugadores internacionales. El porcentaje es muy alto: el 43,75% de la plantilla son jugadores nacidos o con pasaporte que no es norteamericano. O no solo lo es. Si tenemos en cuenta el rendimiento, entre los diez jugadores más utilizados en lo que va de temporada, tendríamos que incluir a Ibaka, Valanciunas, Anunoby, Poeltl y Siakam, es decir, exactamente el 50%. No tienen ningún jugador canadiense. 

La única aportación autóctona la encontramos en el cuerpo técnico. Dwayne Casey, el entrenador principal, es norteamericano, y le ayudan compatriotas como Jerry Stackhouse, Rex Kalamian o Nick Nurse. Dentro del equipo de trabajo también está el escocés Alex McKechnie. Sin embargo, este equipo es más amplio y, en el mismo, nos encontramos a canadienses como Jama Mahlalela, de origen suazi; el ex NBA Jamaal Magloire; o a Scott MacCullough.

Precisamente Magloire, nacido en Toronto, terminó su carrera hace un lustro, más o menos, en la ciudad que le vio nacer, defendiendo los colores de los Raptors, tras pasar por Charlotte, New Orleans, Milwaukee, Portland, New Jersey, Dallas y Miami. Además de él, Anthony Bennett (2015-2016) y Cory Joseph (2015-2017), el último que lo hizo, también jugaron para los Raptors teniendo la nacionalidad de Canadá. No son muchos: tres jugadores en 23 años de historia.

Los Vancouver Grizzlies duraron menos. El equipo duró en Canadá seis años, jugaron unos 400 partidos y solo ganaron unos 100. 62 jugadores pasaron por aquel equipo mientras estuvo en Vancouver y ninguno fue canadiense. Y eso que tuvieron a jugadores internacionales en sus filas, como el venezolano Carl Herrera, el senegalés Makhtar N'Diaye, el dominicano Felipe Lopez, el beliceño Milt Palacio o el nigeriano Obinna Ekezie. Pero, como digo, canadienses, ninguno. Por cierto, echarle un vistazo a esa lista de 62 jugadores le trae al que esto escribe muchos recuerdos: Tony Massenburg, Antonio Daniels, Stromile Swift, Bobby Hurley, Bryant Reeves, Shareef Abdur-Rahim, Mike Bibby, Cherokee Parks, Byron Scott, Ashraf Amaya, Mahmoud Abdul-Rauf, Otis Thorpe, Antoine Carr, Benoit Benjamin... Algunos triunfaron, otros llegaban en la recta final, muchos tienen biografías como para hacerles un biopic en televisión. Vaya cuadrilla, y lo digo sin ánimo despectivo.

Parece, de todas formas, un bagaje muy pobre para un país como Canadá en la NBA, ¿verdad? Pero, la realidad, es otra. Que las franquicias canadienses hayan aportado tan poco a la lista de jugadores profesionales, no quiere decir que no haya jugadores provenientes de ese país. A día de hoy, de hecho, Canadá es el país que más jugadores ha aportado a la NBA, después de Estados Unidos, por supuesto. Hablamos de que los tiempos cambian, de que ahora hay más de 100 profesionales viniendo a la competición desde otros países, desde más de 40 países distintos. No sería difícil observar con estadísticas como ha cambiado la tendencia. Entre todos esos países, Canadá es el primero en el ránking. Tiene, más bien ha tenido, 38 jugadores profesionales en la NBA, aunque ocho de ellos tengan la nacionalidad pero hayan nacido fuera. El siguiente país es Serbia, con 28, que adelanta a Francia, 27, y Croacia, 22.

En la actualidad, siguen en la NBA los siguientes: Dillon Brooks, Khem Birch, Tyler Ennis, Cory Joseph, Trey Lyles, Jamal Murray, Kelly Olynyk, Dwight Powell, Nik Stauskas, Tristan Thompson y Andrew Wiggins. Muchos de ellos, están al comienzo de su carrera deportiva. Algunos, incluso apuntan alto. Todos sabemos cuáles, si te gusta el baloncesto y sigues la NBA. Por supuesto, también los hay que tienen una aportación residual en sus equipos. Por ejemplo, Khem Birch, quien llegó a los Orlando Magic desde Grecia, solo ha jugado 17 partidos, todos como suplente, aportando medias de 3.5 puntos y 3.4 rebotes por partido. Bien es cierto que Birch ha ido ganando peso en el equipo poco a poco y es ahora cuando más minutos está consguiendo. Tampoco ha jugado mucho Nik Stauskas, pero su temporada está siendo muy rara. Comenzó renqueante y ha acabado traspasado. Entre los Sixers y los Nets ha jugado 28 partidos, 6 con los primeros y 22 con los segundos. Tiene medias de 4.8 puntos y 1.7 rebotes pero creo que se puede esperar más de él cuando comience una temporada sin vaivenes. Tampoco Tyler Ennis está teniendo una temporada tan buena como la anterior en su segunda en Los Ángeles Lakers. Ha jugado 32 partidos, 11 como titular, y en sus estadísticas destacan solo sus 3.3 puntos y 1.8 asistencias por partido. También está yendo a menos en los Cleveland Cavaliers, pero desde ya hace tiempo, un Tristan Thompson que ha jugado 33 partidos en lo que va de temporada, 12 como titular. Promedia 6.2 puntos y 6.0 rebotes por partido. Mejor le está yendo al último canadiense que jugó en los Raptors, Cory Joseph, quien, en los Pacers, ha jugado 55 partidos, dos como titular, con medias de 7.8 puntos y 3.1 asistencias. También, pero este en los Dallas Mavericks, Dwight Powell se ha hecho un hueco en la rotación: 53 partidos, tres como titular, 7.1 puntos y 5.0 rebotes. Más protagonismo están teniendo nuestros cuatro últimos protagonistas. Por un lado, el rookie Dillon Brooks, quien, en su primera temporada en los Memphis Grizzlies, está sobreviviendo a la mala temporada del equipo de Marc Gasol, consiguiendo jugar (54 partidos, 46 como titular) y además aportar: 9.0 puntos y 3.1 rebotes de media. Kelly Olynyk pasó por su debut hace ya unos cuantos años, pero, en esta edición, cambiaba de equipo. En su primer año en los Miami Heat, promedia 11.0 puntos y 5.5 rebotes en 54 partidos, 21 de ellos como titular. Algunos esperaban más, pero de los que no se esperaba tanto, quizás, y están sorprendiendo gratamente, es de los dos canadienses de los Denver Nuggets, ambos en su segunda temporada en la NBA. Por un lado, Jamal Murray, quien ha jugado 53 partidos, 52 de ellos como titular, y lleva promedios de jugador importante: 16.6 puntos y 3.6 rebotes. Por el otro, Trey Lyles, que ha ido de menos a más, y ha jugado 49 partidos, 2 como titular, con promedios de 10.9 puntos y 5.3 rebotes. Nos quedaba uno, que hemos dejado para el final porque es probablemente en el que más esperanzas hay puestas para llegar a convertirse en una estrella de la NBA. Esta temporada, Andrew Wiggins ha jugado todo, 57 partidos, todos como titular, y quizás está siendo un poco irregular, pero promedia 17.9 puntos y 3.2 rebotes y su equipo es más competitivo.

No se acaba la lista con estos, por supuesto. La historia es muy larga y la historia de Canadá en la NBA, más aún. Sin ir más lejos, el primer jugador que deberíamos destacar en la historia que une a Canadá con la NBA, es precisamente al que muchos consideran oficialmente el primer jugador internacional en jugar en la NBA, aunque lo hiciera en la BAA, la predecesora de la NBA. Hablamos de Hank Biasatti, nacido en Italia pero criado y crecido en Canadá, quien, defendiendo los colores de los Toronto Huskies, sí, una franquicia canadiense, la única antes de los Vancouver Grizzlies y los Toronto Raptors, jugó la competición en 1946, antes de volver a dedicarse al béisbol. Por cierto, los Toronto Huskies tampoco irían más lejos de 1946.

Además de Biasatti, retrotrayéndonos en el tiempo, el siguiente nombre histórico es el de Bob Houbregs, el único jugador canadiense que, por ahora, está en el Basketball Hall of Fame, en el de la NBA. solo jugó cinco temporadas y lo hizo en cuatro equipos distintos durante los años 50. En los 70, fue general manager de Seattle Supersonics. Sin embargo, durante sus años en la NCAA, fue nombrado mejor jugador del año y le eligieron en el segundo puesto del draft de 1953.

También en aquellos años iniciáticos de los 40 y 50 jugaron otros canadienses como Norm Baker, Gino Sovran o Ernie Vandeweghe. En los 70, lo hizo Lars Hansen, quien también tenía la nacionalidad danesa; y, en los ochenta, nos encontramos con jugadores como Ron Crevier, Stewart Granger, Leo Rautins, Mike Smrek o Jim Zoet, algunos de los cuales, apenas tuvieron recorrido. De hecho, todos, Crevier (Pamesa Valencia), Granger (Stockholm), Rautins (Caja de Ronda, Ourense, Roma, Pau Orthez...), Smrek (Dafni, Forli, Split) y Zoet (Inglaterra, Holanda, Argentina...) acabarían buscándose la vida fuera de Estados Unidos. Ya en los 90 tenemos a Bill Wennington, con una larga carrera que empieza en 1985, en realidad. De hecho, Wennington llega a tener una larga carrera como profesional en la NBA pero dividida en dos épocas ya que, en el medio, se marchó a jugar en Europa, a Bolonia. Tras su vuelta, triunfa en los 90 con tres títulos NBA con aquellos Bulls de Michael Jordan. También en los 90, tenemos Todd MacCulloch, quien se retiraría pronto debido a una lesión crónica. Pero, sobre todo, en esta década nos encontramos con el comienzo de dos de las carreras más exitosas de jugadores de este país: las de Rick Fox y Steve Nash. Probablemente, no sean comparables, pero en el contexto de este estudio ambas son relativamente exitosas. Fox estuvo en la NBA de 1991 a 2004 tras llegar desde los Tar Heels de North Carolina, con los que llegó hasta una final four. Elegido en el puesto 24 de la primera ronda por los Boston Celtics, estuvo seis temporadas antes de pasar a Los Angeles Lakers y completar siete más. Sus promedios en la NBA son de 9.6 y 3.8 rebotes en el total de su carrera. Fue tres veces campeón de la NBA, con los Lakers de Kobe Bryant, Shaquille O'Neal y un recién llegado Phil Jackson, que le sacaría mucho rendimiento a Fox, tanto de titular como de suplente. Por su parte, poco se puede añadir a todo lo ya dicho sobre los casi 20 años de carrera de Steve Nash. Dos veces mejor jugador de la NBA, 8 veces All-Star, 5 veces líder en asistencias, tercer jugador con más asistencias en la historia de la NBA por detrás de John Stockton y Jason Kidd. Quedará en la historia por ser uno de esos jugadores sin anillo, aunque hace poco lo consiguió por su trabajo en el apartado técnico con los Golden State Warriors. En cualquier caso, sus Phoenix Suns de los años 2000 pasarán a la historia, aunque sea sin títulos. 

Entrados en el siglo XXI los nombres abundan pero son muchos los que apenas duran: Shim Bullar, un pívot de 2,26, apenas dura una temporada, y poco más duran jugadores como Kris Joseph (ahora en el Élal Chalon francés), Andy Rautins (ahora en el Banvit turco), Kyle Wiltjer (ahora en el Olympiakos griego), Naz Mitrou-Long (Salt Lake City Stars) o Chris Boucher (Santa Cruz Warriors). Aunque estos dos últimos disfrutan, si no me confundo, de esos contratos two-way con los que combinan la NBA y la nueva G-League. Mitrou-Long ha llegado a jugar esta temporada con Utah Jazz, no así Chris Boucher, quien, por cierto, es, en realidad, natural de Santa Lucía. Más carrera hicieron jugadores como el mencionado Jamaal Magloire, Samuel Dalembert, de origen haitiano, Anthony Bennett, aunque no muy exitosa a pesar de las expectativas (y eso que ha sido campeón de la Euroliga), Joel Anthony, dos veces campeón NBA con los Miami Heat, Robert Sacre (ahora en los Hitachi SunRockets Tokyo-Shibuya japoneses) o Andrew Nicholson (ahora en los Guangdong Southern Tigers de China).

Antes de terminar, y como prometíamos al principio, también parece significativo echarle un vistazo al draft para hacernos una idea del peso que tiene Canadá en la producción de jugadores para el mercado profesional norteamericano. En 2013, Anthony Bennett, formado en la Universidad de Nevada Las Vegas, se convirtió en el noveno jugador no norteamericano en ser la primera opción del draft. Antes que él lo habían sido el nigeriano Hakeem Olajuwon (pero internacional por los Estados Unidos); Tim Duncan, el mismo caso que Olajuwon pero natural de las Islas Vírgenes; Michael Olowokandi, de Nigeria pero criado en Inglaterra; el chino Yao Ming; el italiano Andrea Bargnani; y los australianos Andrew Bogut y Kyrie Irving. Tan solo un año después de que Bennett fuera número uno del draft, su compatriota Andrew Wiggins le sucedería. De todas formas, en estos últimos años, ha habido más canadienses en los primerísimos puestos de este importante proceso de selección: Kelly Olynyk fue 13º en 2013, Nik Stauskas, 8º en 2014, Trey Lyles, 12º en 2015, y Jamal Murray, 7º en 2016. En el último draft, el de 2017 no hubo ningún canadiense entre los primeros. Dillon Brooks, por ejemplo, fue elegido en la segunda ronda, muy lejos. De hecho, este último draft ha sido, quizás, no lo he estudiado, el año más norteamericano de los últimos y Markelle Fultz, aún sin debutar, fue el primer norteamericano en ser primero desde Anthony Davis en 2012. Con vistas al futuro, en las previsiones para el draft de 2018, suele aparecer en algunas apuestas el nombre del canadiense Shai Gilgeous-Alexander, base de la Universidad de Kentucky.

En cualquier caso, lo que está claro es que Canadá existe y cuenta. Tan claro como la tendencia al alza en la ampliación del campo de interés de las franquicias norteamericanas. Podríamos cerrar esta larga entrada, ofreciendo alguna reflexión sobre los pros y los contras de esto, pero no seríamos muy originales ni tenemos el tiempo, los recursos y el talento como para hacerlo. Terminaremos con otra reflexión, sorprende una cosa si tienes en cuenta todos estos datos. Si aceptamos como un valor cualificable que un jugador reciba la llamada de una franquicia norteamericana para jugar con ellos, lo haga más o menos, es decir, si aceptamos la prevalencia de la NBA como un indicador de calidad y competitividad, sorprende el poco rendimiento de la selección de baloncesto de Canadá en competiciones internacionales. Instalada en la sección FIBA Americas, los canadienses tienen una medalla de plata en las Olimpiadas como gran logro internacional, pero esta data de 1936. Sus otros éxitos internacionales son más recientes, eso sí, sobre todo la medalla de plata en los Juegos Panamericanos, que consiguieron en 2015. Muchos de los nombres que hemos mencionado aquí estaban en aquella selección (Shim Bullar, Anthony Bennett, Jamal Murray, Kyle Wiltjer, Andrew Nicholson o Dillon Brooks). Quedaron por delante de los Estados Unidos de Malcolm Brogdon, Anthony Randolph, Taurean Prince, Ron Baker o Keith Langford) pero no pudieron con la Brasil de Ricardo Fischer, Raulzinho Neto, Rafael Luz, Vitor Benite, Augusto Lima o Raffael Hettsheimeir. Por cierto, la selección femenina se llevaría el oro aquel año. Además de esta medalla de plata, los otros éxitos de Canadá nos refieren al FIBA AmeriCup, la competición equivalente al Eurobasket. Dos medallas de plata, en 1980 y en 1999 (con Steve Nash); y cuatro de bronce, 1984, 1988, 2001 (con Steve Nash) y 2015. Sorprende, sin embargo, que en 13 apariciones en el Campeonato del Mundo de baloncesto, su mejor posición haya sido un sexto puesto, y ambos logrados en 1978 y 1982. Solo han participado en tres de las últimas ediciones, la de 2010, no calificándose para ninguna de las otras dos. Y en la de 2010, que tuvo lugar en Turquía, terminaron en la posición vigesimosegunda, es decir, antepenúltimos. Jugaron cinco partidos y perdieron los cinco, ante Lituania, España, Líbano, Nueva Zelanda y Francia. Hubo, sin embargo, un detalle numérico para la esperanza. Y es que excepto la derrota ante España, en el último partido del grupo, que fue por 22 puntos de diferencia, las demás derrotas fueron apretadas o relativamente apretadas: perdieron por 10 ante el Líbano y Nueva Zelanda, por solo dos puntos ante Lituania y de cinco ante Francia. El equipo canadiense, dirigido por un ex NBA y ex ACB al que ya hemos mencionado aquí, Leo Rautins, estaba formado por jugadores que también aparecen en negrita en esta entrada: el hijo del entrenador, Andy Rautins, Kelly Olynyk, Robert Sacre o Joel Anthony. 

Posdata: Más que nada porque fue el primero, vamos a darle el titular a Hank Biasatti, aunque no hayamos dicho gran cosa de él. La fotografía solo tiene relación con esta entrada porque hablamos de Canadá. Por lo demás, me parece una fotografía magnífica. No puedo dejar de fijarme en los detalles, tú.

sábado, 3 de febrero de 2018

Martin Krampelj

Imagen de google images, aparentemente desde la web de Omaha World-Herald.


Desde que lo dejamos con una racha de tres victorias consecutivas en partidos de la Big East, nos hemos perdido una secuencia de seis partidos, dentro de la misma conferencia, que han resultado en un récord igualado para los arrendajos azules: tres victorias y tres derrotas. Con estos resultados, los de Creighton son cuartos en la clasificación de la conferencia con 7-4. Quedan siete partidos de conferencia para terminar la ronda regular y a los de Greg McDermott les aparecerán cinco partidos contra equipos que están peor o igual que ellos. Será difícil que venzan a Xavier o Villanova, aunque a ambos los reciben en el CenturyLink de Omaha y eso siempre puede ser un factor a favor. Pero, los otros cinco partidos serán contra Butler, a quien ya han ganado y tiene el mismo récord que ellos, y De Paul y Marquette, a los que se enfrentarán en dos ocasiones con cada uno de ellos. Los dos tienen récords negativos. Por lo tanto, podemos concluir que los Bluejays no tienen disculpa para mantener esa cuarta posición e incluso disputarle la tercera a Seton Hall. 

Sin embargo, antes de que pasemos a repasar los seis partidos de los que aún no habíamos dado cuenta, debemos dar la noticia más negativa que ha protagonizado este periodo de la temporada. Igual que pasó el año pasado con Maurice Watson Jr, los Bluejays también se han visto este año sorprendidos con una baja en el momento más oportuno de la temporada. Y, para este blog, más triste aún, porque el jugador que ha caído lesionado para una larga temporada (lo que resta de la misma) ha sido el que da título a nuestras entradas: el esloveno Martin Krampelj. Rotura del ligamento anterior cruzado y menisco, eso fue lo que le pasó a Krampelj en el partido que los de Creighton disputaban ante Seton Hall en el CenturyLink. Tendrá que pasar por quirófano y, como decimos, se perderá lo que resta de temporada. Le ocurre esto justo en su segundo año en la universidad, cuando se había convertido en uno de los jugadores sorpresa de la temporada en la Big East, promediando 11.9 y 8.1 rebotes por partido y siendo la referencia interior de su equipo. Lo deja siendo su tercer máximo anotador tanto en porcentaje como en el acumulado y su mejor reboteador y taponador. Igual que pasó el año pasado cuando Maurice Watson Jr cayó lesionado, la de Krampelj también parece una baja sensible para el equipo, justo cuando se acerca el momento definitivo de la temporada. 

Esos seis partidos de los que hablábamos antes empezaron con derrota, la que rotunda que recibieron en Cincinnati ante Xavier (70-92) y se cerraron igual: también fuera y con una derrota sin paliativos, 78 a 98 en el Wells Fargo de Filadelfia ante la gran favorita Villanova, quienes, por cierto, batieron un récord de acierto desde la línea de tres puntos en este partido. Por el medio, hubo otra derrota, también fuera, la que sufrieron en Providence, Rhode Island, ante Providence, por 71 a 85. Las tres victorias las consiguieron ante St. John's a domicilio, venciendo por 68 a 63 en el Carnesecca Arena de Queens, y ante Seton Hall (80-63) y Georgetown (77-85) en Omaha, con especial emoción ante estos últimos ya que era el día en el que los habituales del CenturyLink celebran el Pink Out, un partido benéfico en favor de la lucha contra el cáncer que congregó, en las gradas, a más de 18.000 personas. 

Ante Xavier, el equipo estuvo flojo tanto en ataque como en defensa. Marcus Foster, con 16, fue el mejor anotador de su equipo, pero igualado en puntos con un gran Mitch Ballock, quien, saliendo desde el banquillo, aprovechó muy bien sus veinte minutos. También desde el banquillo, buen partido (13 puntos y 6 rebotes) del habitual sexto hombre del equipo, Ronnie Harrell Jr. Martin Krampelj estuvo más flojo de lo habitual y solo disputó 22 minutos sobre la cancha, aportando 4 puntos y 4 rebotes. La otra derrota también entraba dentro de los planes e incluso quedó maquillada. 19 de 39 en triples para los de Jay Wright, de los cuales 17 los consiguieron sus cinco titulares, destacando el partido de Jalen Brunson y Mikal Bridges. Por Creighton, Marcus Foster, con 20 puntos, volvió a ser el arma principal en ataque, aunque destacaron, saliendo de reservas, dos meritorios, Kaleb Joseph, con 12 puntos y 3 rebotes y Ty-Shon Alexander, con 10 puntos. La otra derrota, también fuera y contundente, sucedió en Rhode Island. Ante Providence, otros 22 puntos de Marcus Foster y buen partido de Khyri Thomas, con 15 puntos, 3 asistencias y 3 robos. En la reserva, volvió a destacar Mitch Ballock. Las victorias en casa ante Seton Hall y Georgetown estuvieron lideradas por Marcus Foster, quien consiguió 25 puntos ante Seton Hall y 28 ante Georgetown. Ante los primeros, también destacó Ronnie Harrell Jr, con 18 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias. A Martin Krampelj solo le dio tiempo a jugar 13 minutos en los que apuntaba a buen partido, ya que, hasta ese momento, ya había conseguido 6 puntos, 4 rebotes y 2 tapones. Ante Georgetown, con los ribetes de la camiseta teñidos de rosa para celebrar el Pink Out, además de Foster, destacaron Khyri Thomas con 22 puntos y Toby Hegner con otros 16 puntos. La otra victoria fue más apretada, con peores porcentajes, y tuvo lugar fuera de casa, en New York, ante St. John's, venciendo por 68 a 63. Volvieron a destacar los mismos tres hombres, Toby Hegner, Khyri Thomas y Marcus Foster, pero, en esta ocasión, con más incidencia aún, ya que, entre los tres, consiguieron 59 de los 68 puntos del equipo. De esos 59, Marcus Foster hizo 24, además de conseguir 8 rebotes; Khyri Thomas consiguió 19 puntos, 7 rebotes y 3 asistencias; y, finalmente, Hegner añadió 16 puntos y 3 rebotes. 

Para cerrar, destacaremos el debut del australiano Jacob Epperson. Su primer partido de la temporada fue ante Georgetown. El segundo, ante Villanova. Se trata de un freshman de 2'10 al que McDermott se ha visto obligado a recurrir tras la lesión de Krampelj. Tras una pretemporada en la que quedaron patentes sus carencias, Epperson y su equipo decidieron que se convirtiera en un redshirt (el color de la camiseta es culpa del primero que lo hizo, que lo hizo con los colores de Nebraska), una condición que permite alargar en un año los cuatro de carrera universitaria porque uno te lo pasas entrenando y estudiando pero sin jugar. Con Krampelj fuera y Hegner renqueante de su tobillo, McDermott se atrevió a proponerle a Epperson que cambiaran el plan. Y él no se lo pensó. Ha ganado peso y personalidad. Le falta hacerse con el ritmo y la conjunción. Ante Georgetown apenas jugó 9 minutos y consiguió 2 puntos (su primera canasta fue un mate), 2 rebotes y 1 asistencia. Sin embargo, ante Villanova, sus prestaciones han hecho aumentar las esperanzas de que quizá pueda llenar el hueco de Krampelj, visto que McDermott no parece confiar plenamente en Manny Suarez. En 17 minutos, Jepperson consiguió 7 puntos, 2 rebotes y 1 asistencia. Puede que, a partir de ahora, su impacto en la rotación del equipo suba. Son las cosas de la NCAA. 

Como siempre, seguiremos hablando de ellos. 

jueves, 1 de febrero de 2018

Matteo Malucelli



Ha empezado la temporada 2017-2018 en carretera y casi no nos hemos dado cuenta. Muchos aún andan a vueltas con el asunto de Chris Froome o el de las invitaciones a las tres grandes. Otros buscamos cómo enterarnos de los cambios que ha habido y de los nuevos maillots y licencias y corredores. Pero, empezar, ha empezado la cosa y ya ha llegado hasta a Europa. 

Y es que parece que la cosa no empieza hasta que no llega al viejo continente. Casi que no cuentan las islas. Antes, parecía que Francia abría la temporada, pero lo cierto es que ésta empieza mucho antes en lugares como Venezuela, Australia o Gabón. 

Ahora mismo, están en pleno desarrollo tres pruebas veteranas del calendario: la Vuelta a Valencia, la Estrella de Besseges y el Herald Sun Tour. La cosa empieza a tomar fuerza y, enseguida, los corredores empezarán a ocupar más espacio en la prensa deportiva. En España, Danny Van Poppel, del Lotto NL Jumbo, estrenó el palmarés de esta edición de la Vuelta a Valencia al ganar la primera etapa. Lo mismo hizo Marc Sarreau, del FDJ, en Francia, venciendo en la primera de la Estrella de Besseges. Australia ya ha visto como se disputaban dos etapas del Herald Sun Tour. La primera se la llevó el británico Edward Clancy, del JLT Condor, y la segunda Lasse Norman Hassen, del Aqua Blue Sport. 

Pero, como decíamos, la temporada ya había empezado antes. Echémosle un repaso rápido a las pruebas que han estrenado esta temporada y que, en algunos casos, han pasado desapercibidas porque, en general, tendemos a olvidarnos de lo que pasa en los márgenes. Aunque sea interesante.

El venezolano Pedro Gutiérrez le puso nombre al dominio de su país en la Vuelta al Táchira. Esta prueba, una vieja conocida del calendario que ha visto a ganadores como Ángel Yesid Camargo, Leonardo Sierra, Hernán Darío Muñoz, José Rujano o Hernán Buenahora, por nombrar a unos pocos, siempre suele ser sinónimo de que ya comienza todo. Este año, los ganadores de etapa han sido Matteo Malucelli, en dos ocasiones, el vencedor final, Pedro Gutiérrez, Iván Sosa, Jorge Abreu, José Márquez, el costarricense Kevin Rivera, Cristhian Talero, José Rodolfo Serpa y Yonatta Monsalve. El dominio venezolano, como decíamos, ha sido patente en la general final, donde también ha brillado el mejor joven, un Franklin Chacón, que correrá en el equipo amateur español Aldro Team que dirigen Herminio Díaz Zabala y David Etxebarria. También ha sido una buena prueba para el equipo italiano Androni Sidermec que se vuelve a su país con unas cuantas alegrías. 

La Tropicale Amissa Bongo se disputa en Gabón pero suele tener presencia europea, sobre todo, francesa. Por ejemplo, en el palmarés de ganadores finales encontramos a corredores como Frederic Guesdon, Jussi Veikkanen, Anthony Charteau, Yohan Gene o Natnael Berhane. Este año, el ganador ha sido Joseph Areruya, un joven ciclista ruandés que este año formará parte de la plantilla profesional del Dimension Data, equipo que tiene puestas muchas ilusiones en el desarrollo de este corredor. En las victorias parciales, sin embargo, destacó un veterano como Rinaldo Nocentini que se llevó dos. Las mismas que se llevó el australiano del equipo francés Delko, Brenton Jones, uno que apunta a sorpresa de esta temporada. El propio Areruya venció en una y el resto fueron para Lucas Carstensen y Luca Pacioni. 

El Tour Down Under australiano sí que es una prueba con reputación y peso en el calendario internacional. No en vano, Andre Greipel es el corredor que más etapas ha conseguido en su historia y Simon Gerrans el que más veces se ha llevado la general, pero es, en líneas generales, una prueba atractiva para los equipos internacionales. Este año, el vencedor final ha sido el sudafricano Daryl Impey, quien corre para el Mitchelton-Scott, antiguo Orica, y al que se le veía muy contento. El alemán Andre Greipel se llevó dos esprints más para su amplio palmarés, pero le ganaron en otros tres los corredores Caleb Ewan, Elia Viviani y Peter Sagan. Richie Porte se impuso en Willunga Hill, el final que suele decidir la general. 

Cerca de allí también se disputó la New Zealand Cycling Classic que ganó Hayden McCormick, un joven corredor salido de la cantera belga, que creo que andaba corriendo en Gran Bretaña y que disputó esta carrera con la selección de Australia. Las etapas se las llevaron corredores como Nicholas Reddish, Cameron Scott, Matthew Gibson, el británico Ian Bibby o Jordan Kerby. Quizás, de todas las pruebas que se disputan en las antípodas, esta sea la menos reconocida internacionalmente, pero en su palmarés, aún así, aparecen corredores como Robbie McEwen, Julian Dean, Hayden Roulston, Travis Meyer, George Bennett, Jay McCarthy, Nathan Earle...

Otro clásico del comienzo de la temporada, sobre todo en los últimos años, es la Vuelta a San Juan argentina. Lo de los últimos años está claro solo con mirar la lista de pódiums. Excepto el chileno Víctor Caro, que la ganó en 1983, no podías ver a otro corredor no argentino entre los tres primeros hasta el año pasado, cuando Bauke Mollema, Óscar Sevilla y el colombiano Rodolfo Torres acabaron en las tres primeras posiciones. Este año, la victoria ha vuelto a ser nacional, ya que el ganador final ha sido Gonzalo Najar, un corredor de 24 años, actual campeón de Argentina en ruta, en el que el ciclismo de su país tiene puestas muchas esperanzas. Sin embargo, Óscar Sevilla ha repetido en el segundo puesto y el italiano Filippo Gana ha acabado tercero, atestiguando que, en los últimos años, ha habido un crecimiento en el interés internacional por esta prueba. Algo que también se aprecia en las victorias parciales de esta edición, porque las únicas victorias argentinas han sido las del propio vencedor final, Gonzalo Najar, y la de todo un veterano con amplia carrera en Europa, Maximiliano Richeze. El resto ha ido a parar a Colombia (Fernando Gaviria), Italia (Filippo Gana y Giacomo Nizzolo), Costa Rica (Román Villalobos) y Bélgica (Jelle Wallays). Ha habido otros corredores internacionales que, aunque no hayan ganado, han tenido su protagonismo, y, por resaltar uno, destacaremos el buen rendimiento en las llegadas de un prometedor hombre rápido español llamado Manuel Peñalver, de 19 años y natural de Torrevieja, quien debuta este año en continental de la mano de un equipo italiano, si no me confundo.

Menos conocida es la siguiente prueba: el Sharjah Tour que se disputa en los Emiratos Árabes Unidos, pero, por aquí, sí conocemos al ganador final, ya que, la general se la ha llevado el veterano ciclista español Javi Moreno, quien ha comenzado una nueva etapa en el equipo francés Delko, después de no tener mucho éxito en el Bahrain-Merida. Las etapas parciales han sido para el francés Julien Morice, el italiano Jakub Mareczko, en dos ocasiones, quien sigue ganando y ganando, y el prometedor Salim Kipkemboi, un corredor keniata de 19 años que corre para el equipo continental alemán Bike Aid. Esta es una prueba relativamente joven. Paco Mancebo ha sido segundo y tercero en las dos ediciones anteriores, que ganaron los marroquíes Adil Jelloul y Soufiane Haddi. Antes ganaron Alexander Pliuschin y el australiano Ramon Van Uden.

En el Tour de Indonesia, la general final ha sido para Ariya Phounsavath, un corredor de Laos de 26 años que corre, si no me confundo, para el equipo continental del Thailand Continental Cycling Team. Las etapas fueron para el suizo Dylan Page, el indonesio Abdul Gani y para el veterano tailandés Peerapol Chawchiangkwang. Esta es una prueba que ha sido recuperada recientemente y que, en anteriores ediciones, han ganado corredores como el irlandés David McCann o el australiano Eric Sheppard. En esta edición, destacamos el buen rendimiento del corredor vasco Jokin Etxabe, 2º en la última etapa y 3º en la general final. Lleva dos años buscándose la vida en equipos continentales. Si el año pasado estuvo en Estados Unidos con el Aevolo, este año estará en Italia con el Interpro Stradalli. 

El calendario español siempre lo abre la Challenge de Mallorca. Este año, una buena muestra del peso que tiene esta carrera en el circuito internacional es que los cuatro trofeos que la completan los han ganado corredores extranjeros. Dos de ellos, el primero y el último, los ganó el alemán John Degenkolb, al que se le veía exultante después de recuperar el sabor de la victoria. Los otros dos fueron para el belga Tim Wellens y para el letón del Trek Toms Skujins. 

La última prueba por etapas de este primer tramo de apertura de la temporada es el Tour Internacional des Zibans que se disputa en Argelia. Una prueba nueva que se incluye en el UCI Africa Tour. El ganador final ha sido el marroquí Abdellah Hida. Las victorias parciales han sido para el español Aitor Escobar, ex corredor de equipos continentales dominicanos y argentinos, quien sorprendió en la primera etapa, Abel Teweldemedhn, un joven corredor de Eritrea y el veterano corredor argelino, ex del Dimension Data, Youcef Reguigui. 

También en este comienzo se han disputado dos pruebas de un día. Primero, la de más reciente creación. La que lleva el nombre de uno de los mejores corredores australianos de los últimos tiempos, la Cadel Evans Green Ocean Road Race. Es el cuarto año que se disputa y, por primera vez, la ha ganado un australiano, en concreto, Jay McCarthy, quien se coronó por delante del italiano Elia Viviani y del sudafricano Daryl Impey. En las anteriores ediciones, la tendencia había sido al revés. Hasta tres veces en tres ediciones fueron corredores australianos subcampeones y en otras dos ocasiones ocuparon la tercera plaza del cajón, dejando a corredores internacionales como Nikias Arndt, Peter Kennaugh y Gianni Meersman la victoria final. 

La otra prueba de un día, por supuesto, es la que lleva el nombre de su función, el Gran Premio Apertura La Marsellesa o, oficialmente, GP La Marseillaise. Una prueba que, en su palmarés, tiene a gente como  Charly Mottet, Bernard Hinault, Johnny Weltz, Edwin Van Hooydonck, Richard Virenque, Franck Vandenbroucke, Didier Rous, Jakob Piil... A todos ellos, se sumó este año el francés del Ag2r Alexandre Geniez, quien ganó al esprint al noruego Odd Eiking, del Wanty-Groupe Goubert, y al también francés Lilian Calmejane, del Direct Energie, dejando a Jesús Herrada, del Cofidis, fuera del pódium. Fue una prueba repleta de escapadas, intentonas y ataques.  

Por supuesto, no seguiremos con este ritmo. No vamos a ir desgranando aquí lo que pase en todo el calendario UCI, pero creíamos conveniente estrenar la temporada siendo un poco más detallados ya que, como todos los años, el ciclismo ocupará un espacio en este blog y le dedicaremos el mismo tiempo a lo más mediático y a lo que podríamos llamar incorrectamente como lo más exótico. O quizás más a lo segundo. 

El titular se lo damos a Matteo Malucelli porque, oficialmente, él fue el primer ganador del calendario UCI de este año 2018 (quitando algún campeonato nacional) al ganar la primera etapa de la Vuelta a Táchira. Lleva corriendo unos cuantos años ya, a pesar de tener aún 24 años, y ya ha conseguido victorias parciales en carreras como la Vuelta a Portugal, la An Post Race, el Tour de Eslovaquia, la Vuelta a Marruecos o el Tour de Bihor. Es un corredor al que le falta dar un paso definitivo pero que a buen seguro lo dará en cualquier momento. Esta puede ser su temporada, aunque su equipo parece que no va a estar en el Giro de Italia.  


Posdata: la imagen creo que ilustra su victoria en la Vuelta al Táchira y, aunque la encontré en el buscador de imágenes de google viene de la web actualizat.com.

lunes, 22 de enero de 2018

Mathieu Van der Poel



Queda una sola prueba para que se cierre la Copa del Mundo de ciclocross 2017. Nueve pruebas que se han disputado entre septiembre y enero han compuesto la competición en esta edición. Se empezó en Iowa City, Estados Unidos, para seguir en el mismo país, en Waterloo. Estas dos pruebas se disputaron en septiembre. En octubre, solo hubo una fecha, la que se disputó en Koksijde, Bélgica. El resto de las pruebas se dividieron a dos por mes. En noviembre, tocó Dinamarca (Bogense) y Alemania (Zeven). En diciembre, las dos en Bélgica: Namur y Heusden-Zolder. De las dos que quedan en enero, ya se ha disputado una, en Nommay, Francia, justo hoy. La siguiente, la que cerrará la competición, se disputará en Holanda, en Hoogerheide. 

Este formato se disputa desde 1993-1994. En el estreno, el vencedor fue el belga Paul Herijgers, campeón del Mundo de ciclocross en 1994. Bélgica es la gran dominadora del palmarés, ya que sus corredores la han ganado en 15 de las 24 ediciones. El más laureado es Sven Nys, con siete ediciones, cinco de ellas consecutivas. Wout Van Aert, también belga, ha ganado las dos últimas ediciones, en 2015-2016 y, la última, 2016-2017. A sus 23 años, y habiendo sido ya campeón del Mundo de ciclocross en dos ocasiones (2016 y 2017), el corredor del Vérandas Willems-Crelan parecía estar al comienzo de una dinastía arrolladora hasta que aparecieron los Van der Poel. 

En Iowa City, el ganador fue el holandés Mathieu Van der Poel por delante del belga Laurens Sweeck y de su compatriota Quentin Hermans. Un dato revelador que dejó esta primera prueba fue el siguiente: de entre los diez primeros, solo Kevin Pauwels (33 años), quien acabó en 4º posición tenía más de 26 años, los que tenía Lars Van der Haar (5º), todos los demás estaban en 25 o menos. Un cambio generacional que viene constituyéndose claramente en los últimos años. 

Una semana más tarde se disputó la segunda prueba en territorio norteamericano, y repitió victoria Mathieu Van der Poel. Corne Van Kessel, también holandés, fue segundo, y el belga Daan Soete acabó en tercera posición. Wout Van Aert fue séptimo. 

La siguiente prueba tuvo lugar en Koksijde, uno de los territorios históricos del ciclismo de barro, y la victoria volvió a ser para Mathieu Van der Poel, reeditando la victoria de su padre en el mismo sitio en 1996. Su compatriota Lars van der Haar fue segundo y Wout Van Aert tercero. Entre los españoles, Kevin Suarez fue 30º, Felipe Orts, 32º y Javier Ruiz de Larrinaga, 36º. 

En Noviembre, Mathieu Van der Poel volvió a reinar en Bogense, Dinamarca, por delante de Wout Van Aert y su compatriota Toon Aerts. Lars Van der Haar y Tim Merlier fueron cuarto y quinto. En Alemania, Wout Van Aert se impuso desde el principio y aprovechó una avería mecánica de Van der Poel para llevarse el primer triunfo de la temporada. El holandés remontó hasta ser segundo, dejando en tercer lugar a Toon Aerts. Toon Aerts sería segundo en Namur, primera de las dos pruebas que se disputaron en Bélgica durante el mes de diciembre, relegando a Mathieu Van der Poel al tercer puesto. El primero volvería a ser Wout Van Aert, quien se vengaría, así, de las dos victorias en 2015 y 2016 de Van der Poel, en las que él quedó segundo. Una semana más tarde, en Heusden-Zolder, Mathieu Van der Poel recuperaría el sabor de la victoria. Laurens Sweeck repetiría la segunda posición que logró en Iowa City y Wout Van Aert completaría el pódium. La última prueba disputada, en Nommay, Francia, también encumbró al holandés Van der Poel, dominador absoluto de la carrera, imponiendo un ritmo que no fueron capaces de seguir ninguno de los dos belgas que le secundaron en el podio, Wout Van Aert y Toon Aerts. 

A falta de una prueba, y con sus seis victorias, Mathieu Van der Poel ya tiene asegurada la victoria final. Con 615 puntos encabeza la clasificación final y tiene a Wout Van Aert a 100 puntos y a Toon Aerts a 170. Michael Vanthourenhout es cuarto en la clasificación general por puntos y Laurens Sweeck quinto. No quedan más puntos para que Van der Poel sea superado en esa clasificación final, convirtiéndose en el vencedor final y sucediendo a Wout Van Aert como ganador. Se convierte en el cuarto holandés en conseguirlo después de Lars van der Haar, que lo fue hace cinco temporadas, Richard Groenendaal, campeón en tres ocasiones, y su propio padre, Adrie Van der Poel, quien lo conseguiría en 1996, por primera vez para Holanda. También en féminas, la belga Sanne Cant se aseguró la victoria final con los puntos conseguidos en Nommay. En la categoría sub23, el talento británico Thomas Pidcock, campeón de Europa y del Mundo de ciclocross en categoría junior y también campeón del mundo de carretera en la categoría junior y en la modalidad de contrarreloj, parte con una pequeña ventaja ante el belga Elie Iserbyt y algo mayor ante Thijs Aerts. Se disputarán la victoria final en Hoogerheide. Habrá aún más disputa en la categoría junior, aunque el checo Tomas Kopecky partirá con ventaja. En cuanto a los españoles, el mejor clasificado en la categoría élite es Felipe Orts, 29º con 137 puntos. Javier Ruiz de Larrinaga tiene 100 puntos en la 35º posición, Ismael Esteban es 45º con 61 puntos y Kevin Suarez 52º con 45 puntos. 

Decidido esta competición, quedaría el campeonato del Mundo que se disputará del 3 al 4 de Febrero en Valkenburg, Holanda. Los que sí se han disputado ya son los campeonatos nacionales. En España, Ismael Esteban sorprendió a los grandes favoritos y revalidó título. En Estados Unidos, ganó Stephen Hyde. Marcel Meisen en Alemania. Wout Van Aert en Bélgica, que, con este, ya lleva tres seguidos. Su gran rival para el campeonato del Mundo, Mathieu Van der Poel, ganó el de Holanda, por delante de Lars van der Haar y de su hermano David Van der Poel. Y son ya cuatro consecutivos para el menor de los Van der Poel. Steve Chainel ganó en Francia y hubo muchos más, por supuesto. 

domingo, 21 de enero de 2018

Jon Aurtenetxe



Según la IFFHS, la Landbroke Scottish Premiership es la decimosegunda liga europea en importancia y la 25º del mundo. Son ya seis temporadas consecutivas viendo al Celtic de Glasgow como ganador de la Scottish Premiership. Su autoridad en los últimos años es máxima. En total, la comparte con sus rivales en el Old Firm, los antes Glasgow Rangers y ahora Rangers a secas: 48 títulos y aún le quedan algunos para alcanzar a los de azul, quienes acumulan 54. Estos últimos ganaron el cincuenta y cuatro en la temporada 2010-2011. En la 2011-2012, fueron segundos. El año pasado, acabaron terceros. En el medio, cuatro temporadas en las que los Rangers han jugado en la Cuarta División, en la Scottish League One y en la Scottish Championship. Tras tres ascensos en cuatro años regresaron el pasado a lo más alto, después de caer al pozo oscuro de las ligas semiprofesionales por problemas financieros. Un golpe muy duro para los aficionados y para el fútbol escocés, en general, que, sin embargo, sobrevivió al impacto. Ahora, Aberdeen y los nuevos Rangers intentan poner en solfa la autoridad de un Celtic de Glasgow que, sin ir más lejos, el año pasado rompió todos los récords y ganó la competición liguera con 106 puntos: 34 partidos ganados y 4 partidos empatados en 38 partidos disputados.

En esta edición de 2017-2018, la competición lleva disputados 22 de los 33 partidos que corresponden a la primera ronda. Una vez que los terminen, la liga se dividirá en dos, dependiendo de los resultados alcanzados. Por ahora, el Celtic de Glasgow lidera la clasificación con 51 puntos y una amplia ventaja con el Aberdeen, que es segundo, habiendo conseguido 43 puntos. 40 tiene el Rangers. Les siguen Hibernian, Hearts, Kilmarnock, St. Johnstone, Motherwell y Hamilton. Los últimos tres puestos los ocupan Dundee FC, Partick y Ross County. El primero de estos tres tiene 22 puntos. Solo dos menos tiene el Partick, que, ahora mismo, tendría que jugar una ronda fatídica con el ganador del play-off de ascenso de la segunda división, la llamada Championship. El Ross County, que tiene 17 puntos, descendería automáticamente.

El Celtic, por cierto, esta temporada no repetirá ni superará el récord de la anterior. Ya ha sufrido una derrota. El sorprendente 4-0 que recibió de manos del Hearts. Su paso por la European Champions League fue doloroso, cuando menos. Recibieron 12 goles en contra solo de manos del Paris Saint Germain: 0-5 en Glasgow y 7-1 en París. El Bayern Munich fue más misericordioso: 1-2 en Escocia y 3-0 en Alemania. Al menos, hicieron bueno el 0-3 que consiguieron en Bélgica ante el Anderlecht y, a pesar de perder 0-1 en el Celtic Park contra los belgas, acabaron terceros y se clasificaron para la Europa League de la UEFA, donde se enfrentarán al Zenit de San Petersburgo en dieciseisavos.

El Celtic de Brendan Rogers tiene a gente importante en sus filas, como el defensa ex del Dinamo de Zagreb Jozo Simunovic, el joven Moussa Dembele, Scott Sinclair, el delantero cedido por el PSG Odsonne Edouard, Liam Henderson, quien creo que se ha ido al Bari en este mercado de invierno, el joven Kieran Terney, quien decían que sonaba para el Manchester United, James Forrest, Leigh Griffiths, quien sonaba para el Swansea City, Olivier Ntcham, Callum McGregor... El Aberdeen lo dirige un Dereck McInnes que está de moda por los buenos resultados de su equipo e incluso había sonado para el Rangers, lo que le supuso una situación incómoda con su afición y él mismo negó que se fuese a ir de Pittodrie. Acaban de incorporar a Niall McGuinn, quien vuelve desde Corea del Sur, y a Chidiebere Nwakali, cedido por el Manchester City. El irlandés Adam Rooney, Gary Mackay-Steven, Stevie May, Ryan Christie, Kenny McLean, el portero inglés Joe Lewis, por el que parecía estar interesado el Aston Villa, Graeme Shinnie o el islandés Kari Arnason son algunos de sus hombres importantes. Por último, en este trío de favoritos, está un Rangers al que le está costando la vuelta a la máxima competición y la lucha entre la ambición y la realidad. Mark Warburton consiguió el histórico ascenso, pero esta temporada se empezó con el portugués Pedro Caixinha. Tras el cese del portugués llegó Graeme Murty, quien ha conseguido buenos resultados, incluyendo el último y reciente 0-0 en el Old Firm. Han sufrido la baja, por lesión, del veterano Kenny Miller, una de sus estrellas, y va para largo. Por ello han firmado un par de cesiones en este mercado de invierno. El joven colombiano Alfredo Morelos es el máximo goleador del equipo y de la liga y uno de los grandes activos de los Rangers junto con jugadores como Josh Windass, James Tavernier, el veterano portugués de 36 años Bruno Alves, el croata Niko Kranjcar, el portugués Daniel Candeias o los mexicanos Carlos Peña y Eduardo Herrera. 

Más allá de estos tres grandes candidatos, también hay fútbol en Escocia. En la costa este, por ejemplo, cerca de la desembocadura del río Tay, la ciudad de Dundee alberga dos equipos. El Dundee United juega en Tannadice Park; el Dundee FC, en Dens Park. El primero fue fundado en 1909; el segundo, el Dundee FC, incluso antes, en 1893. Quizás el que más nombre tenga, a nivel internacional al menos, es el primero, el Dundee United. Su último título lo consiguió el año pasado, fue la Scottish Challenge Cup, una competición menor. Fue finalista de la Copa de la UEFA en la 1986-87 y han ganado dos Copas, dos Copas de la Liga y una Premier. También fue semifinalista de la Copa de Europa, Liga de Campeones actual, en 1984. Solo consiguió pararles la Roma de los Franco Tancredi, Paulo Roberto Falçao, Toninho Cerezo o Bruno Conti, quienes acabarían perdiendo la final ante el Liverpool de Bruce Grobbelaar, Phil Neal, Graeme Sounness, Sammy Lee, Ronnie Whelan, Kenny Dalglish o Ian Rush. Descendieron y ahora mismo juegan en la Championship, la segunda categoría del fútbol profesional escocés, donde, precisamente, son segundos, a siete puntos de distancia del tercero, el Dumferline, pero a ocho del primero, el St. Mirren. Sus vecinos del Dundee FC también tienen trofeos en sus vitrinas, pero mucho más lejos en el tiempo: ganaron una premier, una Copa y tres Copas de la Liga. Eso sí, ganaron la liga en 1961-1962, la Copa en 1909-1910 y las Copas de la Liga en 1951-1952, 1952-1953 y 1973-1974. De hecho, regresaron a la Premier hace cuatro o cinco años. Este año, echaron como entrenador a Paul Hartley tras una racha desastrosa y ahora les entrena Neil McCann, ex jugador de los Rangers, el Southampton o el propio Dundee FC.

Es este último equipo el que nos interesaba en esta entrada porque aquí juega el titulante de nuestra entrada, Jon Aurtenetxe Borde, e, incluso, otro jugador vasco, aunque de una cantera distinta, el guipuzcoano Julen Etxebaguren. Etxebaguren se lesionó gravemente por seis meses hace ya bastantes, así que entiendo que su recuperación final estará cerca. Llegó a Escocia para estudiar y dejar el fútbol, después de llegar a estar en la órbita del primer equipo txuriurdin pero acabar molido por las lesiones. Etxebaguren estudiaba y amplió sus estudios en Escocia. Para matar el gusanillo, se puso a jugar en un equipo de cuarta división. En una entrevista, explica cómo fue una experiencia preciosa en la que disfrutó tanto que su fútbol destacó y recibió ofertas del Dundee FC, el St. Johnstone y hasta de unos Rangers que aún andaban por categorías inferiores. Entre todos ellos, eligió al Dundee FC. Este año, recibió a un compañero con el que también comparte la morriña por la tierra. Jon Aurtenetxe se vino a Dundee a prueba y acaba de renovar por lo que queda de temporada. Le costó entrar pero debutó de titular contra el Kilmarnock y desde entonces se ha hecho indiscutible. Eso ocurrió en noviembre y ahora es titular, habiéndose ganado el contrato y las alabanzas de su entrenador. Le llaman "Basque Jon" y aspira a conseguir que su equipo no descienda.

El caso futbolístico de Jon Aurtenetxe llama mucho la atención, y no solo a los fans rojiblancos. Hay muchos casos de jóvenes que despuntan pronto y se desvanecen antes de tiempo. Los hay, incluso, quienes vuelven a relucir cuando consiguen cierta veteranía. En el entorno del Athletic, hay más casos recientes, como la excelencia alcanzada por Aritz Aduriz con cierta edad ya o el despegue definitivo de Igor Angulo en Polonia a sus 33 años, después de debutar en Liga con el Athletic cuando tenía 18 años. Lo que sorprende en el caso de Aurtenetxe es que estemos asistiendo a su periodo de reconstrucción, a su reinvención como jugador cuando cumplió hace unos días los 26 años. Lo que sorprende es que un jugador que sin estrenar la veintena se había apoderado del lateral izquierdo del equipo y era titular en finales, acabara empezando esta temporada con un contrato en Segunda B en el equipo de la ciudad que le vio nacer. Más aún cuando es el caso de un defensa que no está relativizado por la puntería o la visibilidad, que nunca ha sufrido una lesión de extrema gravedad y que, además, siempre demostró tener la cabeza bien amueblada, una buena ética de trabajo y unas costumbres alejadas del peligro que consume a algunas promesas. 

Aurtenetxe llegó a Lezama con 10 años en el Athletic, cuando entró en el Alevín B. Pasó por las categorías de infantil, cadete y juvenil hasta que debutó en el Athletic con tan solo 17 años de la mano de Joaquín Caparrós en la temporada 2009-2010. Con 18 años, combinó Baskonia, Bilbao Athletic y primer equipo, llegando a jugar en primera división 10 partidos, 9 como titular. Sus mejores años llegarían en las temporadas 2011-2012 y 2012-2013, con Marcelo Bielsa como entrenador. En la primera, jugó, solo en liga, 31 partidos, 30 como titular, marcando un gol. A estos partidos, deberíamos añadir los 9 partidos, 9 como titular y 1 gol que jugó en Copa del Rey. Y, para ponerle la guinda a estas estadísticas, en esa temporada, añadió 14 partidos, 13 como titular, con 2 goles, en Europa League. Fue titular tanto en la final de la Copa del Rey que el Athletic perdería ante el FC Barcelona, como en la de Bucarest en Europa League; aunque en Bucarest le cambiaron en el descanso. En esa temporada, marcó un gol al Mirandés en la vuelta de las semifinales de Copa del Rey, contribuyendo a la clasificación para la final, pero fueron más llamativos sus goles en Europa. El primero, ante el PSG en la liguilla de grupos, no tuvo tanta importancia, ya que el partido, disputado en París, acabaría con derrota por 4-2, un resultado que no valió de mucho para ninguno. Sin embargo, su segundo gol supuso el 2-1 en Lisboa ante el Sporting en semifinales, lo que fue fundamental para remontar en San Mamés y clasificarse para la segunda final internacional en la historia del club. La temporada siguiente, la 2012-2013, no sería tan exitosa ni en lo colectivo ni en lo individual, aunque Aurtenetxe siguió siendo titular: jugó 27 partidos, 24 como titular y marcó otro gol. Salió cedido, con 21 años, en la 2013-2014 al Celta de Vigo de Luis Enrique Martínez, pero no tendría una experiencia muy exitosa, aunque llegó a jugar 20 partidos, 17 como titular, muchos de ellos de central. En la 2014-2015, con 22 años, vuelve al primer equipo del Athletic, pero apenas cuenta para Ernesto Valverde: 4 partidos, 3 como titular. En la siguiente, 2015-2016, vuelve a salir cedido, esta vez al Tenerife de la segunda división, donde, a pesar de bajar una categoría, tampoco tiene mucho éxito: 23 partidos, 19 como titular, con dos entrenadores distintos, Raúl Agné y Josep Lluis Martí. Al año siguiente, rescinde contrato con el Athletic, con quienes había renovado en 2012 por cinco años y una cláusula de rescisión de 35 millones, y firma uno nuevo contrato, también en segunda división, más cerca de casa, con el Mirandés. Juega tan solo 17 partidos, 15 de ellos como titular y consigue 1 gol, pero el equipo desciende al finalizar el año deportivo y Aurtenetxe se encuentra sin equipo. Aurtenetxe llegó a ser internacional sub17, sub19 y sub21. De hecho, con la sub19 se proclamó campeón de Europa en la 2010-2011, y teniendo mucho protagonismo. Suyo fue el gol con el que se llegó al final de los noventa minutos con 1-1 en la final ante la República Checa. Dos goles de Paco Alcácer en la prórroga le darían el triunfo a la selección que entrenaba Ginés Meléndez y en la que, entre otros, Aurtenetxe tuvo como compañeros a gente como Álvaro Morata, Juanmi Jiménez, Pablo Sarabia, Gerard Deulofeu, Marc Muniesa, Isco Román, Rubén Pardo, Daniel Carvajal, Sergi Roberto, Koke Resurrección o Álex Fernández, elegido mejor jugador del torneo. 

Esta temporada, la empezó entrenando con la SD Amorebieta de Joseba Etxebarria y llega a debutar con ellos en el grupo 2 de la segunda división B, jugando 2 partidos, los dos de titular y los dos los juega completos. Muy pronto, sin embargo, abandona esta aventura en la categoría de bronce para aceptar la aventura de jugar en la primera división escocesa con el Dundee FC. Como decíamos antes, acaba de cumplir este mismo 3 de Enero 26 años y ha renovado con los escoceses hasta el final de temporada. Ayer mismo, su equipo empató a dos contra el Inverness en Dens Park en la cuarta ronda de la Copa escocesa, al recibir un gol de George Oakley en el minuto 87. Deberán repetir la eliminatoria para decidir quién pasa. Aurtenetxe volvió a ser titular. El miércoles reciben al Hibernian en casa, en una racha de partidos (Hamilton, Kilmarnock y Ross Country vendrán después) que resultará fundamental para asegurarse que McCann y sus pupilos consiguen mantenerse en la Premiership escocesa. Cuando termine la temporada, llegará el momento de sacar conclusiones para el defensa de Amorebieta. El siguiente paso parece fundamental en su objetivo de recuperar la repercusión y protagonismo que llegó a tener hace algo más de un lustro. Por lo menos, le queda intentarlo, que no es mala ocupación mientras tanto. 

domingo, 14 de enero de 2018

Phil Southerland



El año que viene serán 27 los equipos que disputen el calendario ciclista internacional dentro de la categoría llamada profesional continental, la segunda división del ciclismo profesional. Antes de que alcanzáramos las decenas en el siglo XXI ya se alcanzaban estos números, pero hace años que no se acercaban tanto a la treintena de equipos. Las constantes revisiones en la estructura del ciclismo profesional hacen difícil que no imposible hacer una contabilidad cronológica, pero, en cualquier caso, no creo que sea muy atrevido decir que los 27 equipos de este año, cinco más que el año pasado, apuntan a una mejoría en la salud económica del ciclismo.

Vamos a hacer un repaso a todos esos equipos y resumiremos muy brevemente sus plantillas. Probablemente, como siempre, cometeremos errores por exceso o por defecto, pero esperamos minimizarlos. También conviene recordar que esto se escribe desde un punto de vista muy subjetivo y que, además, nos hemos ceñido a las plantillas oficialmente publicadas en la web de la UCI, con lo que si algún corredor significativo está ausente probablemente también lo esté aún en esa lista (sea cual fuera el motivo) y en los datos de la web procyclingstats.com, que nos ha ayudado a tener una visión global en cuanto al valor numérico (dígase los puntos UCI obtenidos hasta la fecha) de determinados corredores.

Terminamos diciendo que el titular se lo lleva Phil Southerland, del que precisamente no hablaremos cuando llegue el turno de su equipo. Y es que su equipo, que se encuentra en esta categoría, es el Team Novo Nordisk. Novo Nordisk es una compañía farmacéutica danesa que alcanzó un acuerdo de patrocinio con Southerland para reforzar la capacidad económica de un equipo que ya había organizado unos años antes, el Team Type 1. El nombre, tipo 1, hace referencia a la antigua diabetes insulina-dependiente, es decir, la expresión de esta enfermedad más agresiva. Southerland lleva años organizado y dirigiendo un proyecto muy amplio y ambicioso que recoja y pondere a todos aquellos deportistas que compiten mientras conviven con la enfermedad. Si no me confundo, no consiguen una victoria desde que en 2015 Scott Ambrose ganó la segunda etapa del Tour de Filipinas y, de hecho, creo que ha sido su única victoria como Team Novo Nordisk. Sin embargo, creo que su sola presencia en el pelotón ya es un triunfo.

Siguiendo el orden alfabético, el primer equipo de la lista es el Androni Gioccatoli-Sidermec de Gianni Savio, donde le echan un cable Giampaolo Cheula y Alessandro Spezialetti. Cuentan con una plantilla completamente italiana, excepto por los colombianos Rodolfo Torres e Iván Sosa y el costarricense Kevin Rivera. Tienen hombres rápidos como Manuel Belletti o Marco Benfatto, veteranos como Francesco Gavazzi y Alessandro Bisolti, y corredores con futuro como Davide Ballerini o Fausto Masnada, campeón del Giro de Lombardía sub-23, prueba que también ganaron corredores como Sean Kelly, Moreno Argentin, Maurizio Fondriest, Alberto Elli, Stefano Garzelli, Jan Polanc, Davide Villela o el propio compañero de Masada en el Androni Gioccatoli, Marco Frapporti.

El equipo irlandés Aqua Blue Sport, que tan buen debut tuvo en la Vuelta a España, gracias a la victoria de Stefan Denifl (aunque ellos también recordarán con desencanto al pirómano que la tomó con su autobús), le costó ser continental profesional pero finalmente la UCI confirmó su puesto. Dirigidos por el danés Nicki Sorensen, corredores con experiencia como el propio Denifl, Peter Koning, Matthew Brammeier, Shane Archbold, Lawrence Warbasse, Michel Kreder o los hombres rápidos Adam Blythe y Andrew Fenn serán algunas de sus bazas más importantes. 

El Bardiani SF de Roberto Reverberi aspira a conseguir una invitación para el Giro. Si están, a buen seguro, se presentarán allí con ganas de batalla y con argumentos para destacar como Giulio Ciccone, Andrea Guardiani, Enrico Barbin o Manuel Senni. Tienen un buen puñado de neos interesantes, pero del que más se ha hablado hasta ahora es del escalador Vincenzo Albanese

El Burgos BH ha dado un salto muy importante, de categoría, pero también de ambición. Julio Andrés Izquierdo sigue al mando de un equipo que ha conseguido el apoyo para crecer y aspirar a la Vuelta a España, aunque ya han comentado que sus planes son a la larga. Sus bazas serán extranjeras: el alemán Silvio Herklotz, el veterano portugués José Mendes y, sobre todo, el ruso Matvey Mamykin, quien sorprendió a todos abandonando el Katusha. Pero entre el producto nacional, también hay muchas esperanzas puestas en corredores como Jesús Ezquerra o Jordi Simón

Un año más, el Caja Rural-Seguros RGA se mantiene en la categoría. Un equipo por el que han pasado, recientemente, corredores como Michal Kwiatkowski, Pello Bilbao, Carlos Barbero, José Herrada, David de la Cruz, Javier Moreno, Víctor de la Parte, Omar Fraile, Hugh Carthy o José Gonçalves. Este mismo año, Jaime Rosón firmó por el Movistar desde el equipo navarro. Este año parecen tener una plantilla más humilde, pero corredores como el francés Yannis Yssad, el italiano Daniele Celano, los portugueses Joaquim Silva y Rafael Reis o los nacionales Sergio Pardilla, Cristian Rodríguez y Julen Amezketa, estos dos provenientes de Italia, les van a dar, a buen seguro, visibilidad. 

Los polacos del CCC son ya unos veteranos de la categoría. Dirigidos por Piotr Wadecki, aunque ayudado por conocidos corredores de los noventa como Tomasz Brozyna y Gabriele Missaglia, este año han perdido a su mejor corredor, Jan Hirt, que ha firmado por Astaná. Sin embargo, cuentan con corredores competitivos como el portugués Amaro Antunes, el esloveno Marko Kump, Frantisek Sisr, o los locales Mateusz Taciak, Pawel Bernas, Kamil Gradek o Pawel Cieslik

Cofidis no se arrepiente de su decisión de bajar un escalón para seguir compitiendo al más alto nivel. Asegurada la invitación al Tour y a las pruebas que los organizadores también controlan, su preocupación son los resultados. El año 2017 no fue muy fructífero, y, por ello, ha habido un cambio en la dirección deportiva. Ya no está Yvon Sanquer y llega Cedric Vasseur. En cuanto a los nuevos en la plantilla, destacan las llegadas de los españoles Jesús Herrada y José Herrada, que se unen a Daniel Navarro y Luis Ángel Maté. Nacer Bouhanni y su velocidad seguirán siendo la gran apuesta para la victoria final, sin olvidarnos de otros como Christophe Laporte, Julien Simon, Michael Van Staeyen, Dmitri Claeys, Nicolas Edet o Cyril Lemoine

Los que sí se han quedado fuera del Tour son los franceses del Delko Marseille Provence KTM, un proyecto que ha crecido en ambición en los últimos años. Dirigido por Frederic Rostaing y con un equipo técnico internacional que incluye al francés Andy Flickinger, el vasco Gorka Gerrikagoitia, el letón Arvis Piziks y el búlgaro Hristo Zaykov, intentaron convencer al Tour con corredores como Iuri Filosi, Gatis Smukulis, Brenton Jones o el español Javier Moreno, pero no lo consiguieron. Así que les tocará intentar seguir creciendo durante este año. Además de los ya mencionados, tienen otros corredores interesantes en una plantilla con muchos idiomas: Yannick Martinez, Delio Fernández, Ángel Madrazo, Julien El Fares, Evaldas Siskevicius, Mauro Finetto, Remy de Gregorio...

También son franceses y veteranos en la categoría e invitados al Tour el Direct Energie de Jean Rene Bernaudeau. Solo tendrán un corredor extranjero, Rein Taaramae. El resto, producto francés donde destacan la experiencia de gente como Sylvain Chavanel, Alexandre Pichot, Romain Sicard, Jonathan Hivert, Damien Gaudin, Adrien Petit... Pero, sobre todo, la ilusión puesta en Lilian Calmejane

Euskadi regresa a la luz pública gracias al empecinamiento de Jon Odriozola. Su proyecto Euskadi Basque Country Murias Taldea alcanza el ansiado ascenso e intentará crecer durante el año, buscando los dos grandes objetivos, estar en la Vuelta a España y en la Vuelta al País Vasco. Para ello, han renovado a gran parte de la plantilla del año pasado y han compensado su falta de experiencia con la incorporación de gente veterana como el francés Julien Loubet, el vasco que vuelve del Japón Jon Aberasturi, el que lo hace desde el Delko Mikel Aristi, el navarro que corría en Gran Bretaña Enrique Sanz y los dos ex corredores de Caja Rural, Eduard Prades y Héctor Sáez. Habrá que seguir de cerca a los jóvenes con talento que recibirán su primera oportunidad, gente como el vascofrancés Cyril Barthe, los aragoneses Fernando Barceló y Sergio Samitier o el vasco Julen Irizar, así como esos veteranos que llevaban tiempo sustentando el proyecto abajo, gente como Mikel Iturria, Garikoitz Bravo, Mikel Bizkarra o Beñat Txoperena, todos entre los 25-28 años, que están ante su gran oportunidad. 

El Gazprom de Renat Khamidulin buscará darle una oportunidad al talento ruso, único componente de la plantilla. Gente como Ildar Arslanov, Evgeny Shalunov, Sergey Firsanov o Sergey Shilov intentarán medrar acompañados de veteranos como Sergey Lagutin, Alexander Porsev, Ivan Rovny o Dmitriy Kozontchuk

El primer proyecto norteamericano de la categoría es el de Axel Merckx, quien estará acompañado en la dirección por el norteamericano Jeffry Louder y el holandés Jacobus "Koos" Moerenhout. El Hagens Berman Neon, destaca por su juventud. Los corredores más veteranos nacieron en 1996. Por lo tanto, talento fresco al que seguir, corredores llamados a firmar contratos suculentos en los próximos años como el danés Mikkel Berg, el portugués Joao Almeida, el jovencísimo holandés Mikael Zijlaard, el belga Jasper Philipsen, el australiano Michael Rice o los norteamericanos Adrien Costa, Christopher Blevins y William Barta.

También desde los Estados Unidos llega el proyecto liderado por George Hincapie, el Holowesko-Citadel para el que también trabaja desde el coche Bobby Julich. También este equipo destaca por su cantidad de neos y por la juventud, pero no es tan acentuada como en el anterior caso de sus compatriotas. Entre los corredores veteranos, destacan gente como John Murphy, Andrei Krasilnikau o el australiano Joe Lewis. Entre los proyectos de futuro, destacan los norteamericanos Miguel Byron, Taylor Eisenhart y Brendan Rhim y el suizo Fabian Lienhard o el danés Nicolai Brochner Nielsen

El primer equipo profesional macabeo ha ampliado sus miras esta temporada. Israel Cycling Academy, dirigido por Kjell Cärlstrom, el vasco Óscar Guerrero y el francés Lionel Marie, aunque en la oficina el proyecto lo encabeza el ex corredor israelí Ran Margaliot, ha hecho los esfuerzos necesarios este año para aspirar a ser un equipo importante en el pelotón. Sin duda alguna, Rubén Plaza, Kristian Sbaragli y Ben Hermans serán los hombres fuertes de este equipo, pero habrá que seguir con atención también ha corredores como el veterano Nathan Earle, su compatriota Zakkari Dempster, el rápido canadiense Guillaume Boivin, el estonio Mikhel Raim, al noruego Sondre Enger o al holandés Dennis Van Winden. También contarán con el colombiano Edwin Ávila o con otro español, José Manuel Díaz. Aspiran a conseguir una invitación para la Vuelta a España, pero se lo tendrán que ganar en la carretera.

El Manzanas Postobón de Luis Fernando Saldarriaga volverá a ser la punta de lanza del ciclismo colombiano. Su hombre fuerte será Fabio Duarte, además de otros valores nacionales como Juan Sebastián Molano, Aldemar Reyes o Wilmar Paredes. También tienen a dos corredores internacionales como el veterano holandés Jetse Bol o el portugués Ricardo Vilela.

El Nippo-Vini Fantini sigue con una estructura a medio camino entre Italia y Japón que dirige Francesco Pelosi con Hiroshi Daimon, Shinichi Fukushima, Mario Manzoni y Valerio Tebaldi en la dirección técnica. Además de las jóvenes promesas italianas y japonesas que albergan en el equipo, le han dado también la alternativa al español Joan Bou. Damiano Cunego ha anunciado que se retirará tras el Giro de Italia 2018, al que aspira su equipo si consigue una invitación. Junto a Cunego, Ivan Santaromita, Kohei Uchima  y Marco Canola serán otros hombres importantes en este equipo. En la lista de la UCI no aparece el rumano Eduard Grosu.

Otro equipo continental norteamericano será el Rally Cycling de Jacob Ercke, que repartirá su peso entre Estados Unidos (John Patrick McCartney es director técnico) y Canadá (Eric Wohlberg, también). Corredores como el veteranísimo Danny Pate, Robin Carpenter, Evan Huffman, Jesse Anthony, Robert Britton, Ryan Anderson o la joven promesa Brandon McNulty intentarán destacar en Europa también.

El Roompot Nederlandse Loterij que llevan dos viejos conocidos como Jean Paul Van Poppel y Erik Breunkink presenta un equipo completamente holandés donde destaca la combinación de veteranía (Pieter Weening, Coen Vermeltfoort, Pim Ligthart o Wouter Wippert) con los nuevos talentos holandeses (Etienne Van Empel, Martijn Budding, Oscar Riesebeek o Elmar Reinders).

El Sport Vlaanderen-Baloise de Christophe Sercu también es un equipo reconocido por su labor de formación y promoción. De la mano de Walter Planckaerth, serán bastantes los aspirantes que intentarán buscarse un hueco dentro y fuera de Bélgica. Tienen algún veterano buscando algo de compensación, gente como Preben Van Hecke o Kenny de Ketele, pero la mayoría de sus corredores son neos y todos han nacido, excepto esos dos, en los 90. Amaury Capiot, Dries Van Gestel y Thomas Sprengers serán tres de sus grandes bazas pero habrá que ver cómo progresan jóvenes como Maxime Farazijn, Jonas Rickaert, Kevin Deltombe, Emiel Planckaert o Edward Planckaert.

El Team Fortuneo de Emanuel Hubert ha conseguido invitación para el Tour de Francia 2018 y no podía ser de otra manera al haber incorporado este año a uno de los mejores corredores del pelotón en la temporada anterior, Warren Barguil. Para arroparle, Hubert ha conseguido una buena ristra de corredores en una plantilla donde destaca el bajo número de foráneos. Solo tres: el holandés Bram Welten, el danés Michael Carbel Svendgaard y el noruego Sindre Lunke. El resto serán franceses, y entre ellos, destacaríamos a las promesas Elie Gesbert, Franck Bonnamour y Kevin Ledanois y a los veteranos Amael Moinard, Brice Feillu, Anthony Delaplace, Pierre Luc Perichon, Maxime Bouet, Florian Vachon o Laurent Pichon.

El Team Novo Nordisk se mantiene en categoría continental profesional con su proyecto de apoyo a los deportistas diabéticos. Dirigido por Vassili Davidenko con la ayuda de Massimo Podenzana y Pavel Cherkassov, corredores como el finlandés Joonas Henttala, el italiano Andrea Peron, el joven francés Quentin Valognes o el español David Lozano volverán a ser el eje de la estrategia de un equipo donde también tienen esperanzas en el joven italiano Umberto Poli, en el irlandés Stephen Clancy, en el francés Charles Planet o en el holandés Bram Kamstra.

El Unitedhealthcare es el quinto y último proyecto continental profesional que llega desde los Estados Unidos. Cuentan con un cuerpo técnico muy diverso, en el que se incluyen el belga Hendrik Redant, el argentino Sebastián Alexandre y la británica Rachel Heal. Sus esperanzas para ganar o dejarse ver estarán puestas en los colombianos, sobre todo, en Daniel Jaramillo y Janier Acevedo. El rumano Serghei Tvetcov, los australianos Lachlan Norris y Jonathan Clarke, el argentino Lucas Haedo y los norteamericanos Gavin Mannion, Travis McCabe y Daniel Eaton serán otras propuestas de victoria de este equipo de los Estados Unidos.

El Veranda's Willems-Crelan de Nick Nuyens tiene que ser un equipo competitivo y con aspiraciones. Tienen argumentos para hacer una buena temporada, gente como Sean de Bie, Stijn Devolder, Huub Duijn, Stan Godrie, Aidis Kruopis, Stijn Steels, David Tanner, Zico Waeytens y el ciclocrosista Wout Van Aert.

El Vital Concept de Jerome Pineau ha nacido torcido. Se han quedado fuera de las invitaciones del Tour de Francia para 2018 y ahora tendrán que crecer de manera más pausada. Aún así, Pineau, con antiguos compañeros de generación como Didier Rous, algo más mayor, y Jimmy Engoulvent como directores, ha conformado un equipo interesante. Tienen juventud, con gente como Marc Fournier y Lorrenzo Manzin, rapidez, con Bryan Coquard, Kevin Reza o Bert de Backer, aventureros como Erwann Corbel, Steven Lammertink, Kris Boeckmans o Jonas Van Genechten y gente para generales como Yoan Bagot y Johan Le Bon.

Precisamente, el equipo que ha conseguido la wildcard que parecía corresponderle al proyecto de Jerome Pineau ha sido el Wanty-Groupe Gobert belga de Jean-François Bourlart, que ya fueron invitados el año pasado. Los franceses Guillaume Martin y Yoann Offredo son dos de los atractivos de este equipo, que también cuenta con los belgas, Timothy Dupont, Guillaume Van Keirsbulck, Jerome Baugnies o Pieter Van Speybrouck. Han fichado al escalador Bart de Clerq, el holandés Marco Minaard o el neozelandés Dion Smith.

Otro equipo belga en esta categoría es el que dirige Christophe Brandt, el WB Aqua Protect-Veranclassic. Con Frederic Amorison, Olivier Kaisen y Thierry Marichal como directores, Brandt ha reclutado una buena mezcla de veteranía y juventud. En el primer extremo, encontramos a conocidos como Kenny DeHaes, Kevyn Ista, Maxime Vantomme o el francés Justin Jules. En el otro extremo, aspirantes como Alex Kirsch, Dmitri Peyskens, Eliot Lietaer o el suizo Lukas Spengler.

Y terminamos con el Wilier Triestina-Selle Italia de Angelo Citricca. El veterano Filippo Pozzato y corredores como Matteo Busato, Edoardo Zardini, el bielorruso Ilia Koshevoy, el albanés Eugert Zhupa, Simone Velasco o Marco Coledan serán los hombres importantes de un equipo donde ele sprinter Jakub Mareczko seguirá siendo la gran esperanza de victorias y crecimiento del equipo.