lunes, 23 de agosto de 2010

José María Sanz Beltrán


No sé si decir que muchos, pero, al menos, un número considerable de deportistas se han dedicado luego al asunto de la música. Desde Álvaro Benito hasta nuestro protagonista, el catalán Loquillo, pasando por otros ejemplos poco afortunados como el del Mono Burgos o Julio Iglesias, solo por nombrar algunos de los más conocidos. De todos ellos, por supuesto, no era difícil averiguarlo, me quedo con el Loco.
Ayer acudí a su concierto en el escenario de Botica Vieja, en Bilbao. Bien acompañado por una banda efectiva y experimentada, Laura Gómez-Palma al bajo, que pasó de escondida a tímida protagonista, Igor Paskual a la guitarra, ágil y rítmico como ninguno, un dechado de movimientos clásicos del rock (ganaría un concurso del guitar hero sin duda), Jaime Stinus a la otra guitarra, llevó el camino contrario al de Laura y ponía la rabia sosegada, el francés Laurent Castagnet elegante a la batería, (y presentado por el propio Loquillo bajo el sobrenombre de Zidane)y el más joven de todos, Santi Comet, la parte masculina de Los Peces, que ya fuera músico de acompañamiento de los aragoneses Amaral. Todo esto lo sé porque se dijo allí o porque Internet es un cajón sin fondo.
El concierto, sin mácula, fue un ejemplo de lo que hace la experiencia y la profesionalidad cuando viene sirviendo música bien escrita y ejecutada. Loquillo, con su presencia heredera de frontmen duros y con personalidad, tiró de histrionismo clásico y no rebajó el entusiasmo en ningún momento. Jugábamos a sacarle parecidos, y, por sorpresa, ganó Anthony Blake. El bis final fue mejor que la traca de los fuegos, que nunca veo, siempre miro para el suelo, y se despidió con un cadillac solitario bien aparcado en doble fila, de rodillas y con chaqueta negra y brillos de cabaré rockero.
Nos dejó buen sabor de boca. Y creo que con él, si no hay alguna otra visita sorpresa a Bilborock o algo furtivo en el mismo escenario, se acaban los conciertos de esta fiesta para nuestro pequeño grupo. Ayer fueron los barakaldeses Porco Bravo, con más de lo mismo pero un poco mejor y la Bien Querida en un escenario plagado de bachilleres de ropa de marca, parejas con helados de sabor a tarta de queso con frambuesa y extranjeros que miraban de reojo a un Guggenheim adormecido.
¿Dónde está el deporte?
Pues en el concierto de La Bien Querida vimos pasar a Guillermo Fernández, juvenil precoz que dicen apunta a la delantera del primer equipo de la ciudad. Más: junto a la batería de Castagnet, lucía una camiseta verde con el número cinco de Kevin Garnett. Y por supuesto, nadie olvida que antes de ser Loquillo, José María Sanz Beltrán, nacido hace casi cincuenta años en El Clot, Barcelona, compartió banquillo con Epi en el Colegio Alpe, debutó con el Cotonificio con Aíto García Reneses de entrenador (Loquillo ha dicho: "de él aprendí cosas que luego me han servido en la vida: me enseñó a tener disciplina y a creer en mí mismo") y llegó a ser considerado una promesa del baloncesto español antes de abandonarlo por el rock and roll y la religión de Elvis. Para muestra, el vídeo de "Memoria de jóvenes airados", que cayó también en el concierto de ayer, y donde se puede ver a Epi, Andrés Jiménez, Manolo Flores, Agustí Cuesta y Javier Mendiburu padre.
De bis, dejo al aire la siguiente pregunta: ¿sabrá Nenad Krstic quién es Loquillo?

No hay comentarios: