sábado, 16 de agosto de 2014

Mahiedine Mekhissi-Benabbad



Aún no se han apagado las ascuas de este fuego. Amenaza con convertirse en una nueva polémica de esas que utiliza el periodismo más rancio para crear falsas batallas dialécticas con aroma patriótico. Los franceses están cabreados con los españoles porque estos últimos presentaron una reclamación cuando el francés de origen argelino decidió correr los últimos metros de la prueba de los 3000 obstáculos del campeonato de Europa de atletismo que se disputa en Zurich sin camiseta y azuzando al público. 
El juez de carrera ya le había mostrado una tarjeta amarilla pero la reclamación española fue aceptada y a Mekhissi-Benabbad le descalificaron, perdiendo una medalla de oro que había ganado con solvencia, casi de manera insultante. 
Con su descalificación, su compatriota Yoann Kowal fue oro, el polaco Krystian Zalewski, plata y el español Ángel Mullera, quien, en principio, había acabado cuarto, fue medalla de bronce. Otro español, Sebastián Martos, acabó cuarto, habiendo sido en la carrera quinto. Precisamente este último, según citaba el diario El País, reconocía que el atleta francés tenía un carácter volcánico pero buen corazón: "Es un buen chico. El problema es que a veces se le cruzan los cables."
Mahiedine Mekhissi-Benabbad nació en Reims hace 29 años. De origen argelino, el francés se ha especializado en los 3000 metros obstáculos y en los 1500, estos, lisos. Su calidad la resumen sencillamente hasta en la wikipedia: "fue el primer atleta no keniano, en los últimos 24 años, en finalizar segundo en la prueba de los 3000 metros obstáculos en los Juegos Olímpicos". Su palmarés, eso sí, es mucho más complicado y amplio que lo que indica esa frase: medalla de oro en el Europeo Indor de Goteburgo en 2013 (1.500), medalla de bronce en los Campeonatos del Mundo de Daegu 2011 y Moscú 2013 (ambos en 3000 obstáculos) y medalla de plata en las Olimpiadas de Beijing 2008 y Londres 2012 (también en las dos ocasiones lo hizo en 3000 obstáculos). La de Zurich hubiera sido su tercer título de Europa de los 3000 obstáculos, el tercero consecutivo además, porque fue medalla de oro en Barcelona 2010 y en Helsinki 2012. Y lo fue, pero solo durante unos minutos.
Sin duda alguna, los resultados dejan claro que Mahiedine Mekhissi-Benabbad es ahora mismo el mejor atleta europeo en una prueba definitivamente africana como los 3000 obstáculos. El récord del mundo es del catarí Saif Saaeed Shaheen y el récord olímpico del keniata Julius Kariuki. Ezekiel Kemboi, también de Kenia, ha sido el último campeón olímpico en Londres. 
Sin embargo, el francés también se ha labrado una reputación por su carácter y su comportamiento en pista. Viene a colación recordar que ya fue protagonista de varias situaciones polémicas, todas ellas lamentables, como cuando se lió a golpes con su compañero Mehdi Baala en los 1500 de Mónaco. Solo fue sancionado económicamente y tuvo que hacer unas horas de servicios comunitarios, pero ninguno de los dos recibió una sanción que pusiera en peligro su participación en los campeonatos mundiales de 2011. En 2010 en Barcelona, ya había bromeado sin mucho gusto con una mascota, pero el colmo llegó un año después de lo de Mónaco, cuando al ganar los 3000 obstáculos en Helsinki 2012, despreció el regalo que le ofrecía la mascota del campeonato y después la empujó con violencia. La mascota escondía debajo a una niña de 14 años. Según informan en varias fuentes, Mekhissi-Benabbad no se excusó y no sufrió, finalmente, ninguna sanción deportiva. Si al final lo hizo o la recibió, yo no he conseguido encontrar testimonio de ello. 
Igual que su palmarés es rotundo, también parece serlo su hoja de antecedentes. Si los españoles impugnaron su medalla de oro fue porque había cobertura en el código disciplinario o en el reglamento de la disciplina como para solicitar sus demandas. De hecho, si fueron atendidas, será porque había argumentos. Parece que los corredores están convencidos de que el atletismo es un deporte con un código ético que obliga a un comportamiento deportivo y respetuoso con el rival. Aún así, parece excesivo deslucir una exhibición del calibre de la del francés por un arrebato emocional que tampoco puede ser tachada de burla o desacato. Si el mejor es un majadero (hablo en general) no deja de ser el mejor, ¿no? Ahora, me parece correcto que alguien reciba semejante rapapolvos si el criterio se mantiene en todas las circunstancias. Lo que me parece lamentable es que Mekhissi-Benabbad no perdiera ninguna medalla ni recibiera ningún castigo deportivo por sus polémicas anteriores y que por ésta si lo haya hecho. Que conste que siempre he considerado que hay que saber ganar más que perder y que, personalmente, la forma de celebrar su victoria con tanta soberbia me puede parecer más o menos adecuada, pero, en cualquier caso, un tanto ridícula para alguien a quien no le hacía falta decorar tanto su exhibición. Me pareció más ridículo e infantil el comportamiento de Yoann Kowal en el pódium. 
En fin. Yo no dejo de ser un simple aficionado (y no de los más fieles) que no puede tener una opinión muy formada al respecto porque no conoce con detalle ni los reglamentos oficiales ni las leyes no escritas que solo los atletas conocen y respetan. Como pormaratoniano y corredor dominguero entiendo que hay que saber competir y correr con más interés en vencerte a ti mismo que a los demás. Comparto, aunque muy de lejos por la diferencia de nivel y compromiso, la filosofía de los corredores de ultrafondo más puros que entienden el deporte como una oportunidad de comunión y de descubrimiento. No me gusta que me adelante alguien al que le noto que viene forzado solo por rebasarme, cuando los dos vamos a trote por un paseo urbano, ni que lo hagan rozándome la manga y a los pocos metros, en una curva, se den la vuelta para cerciorarse de que tienen ventaja. Semejantes batallas ficticias e inventadas me parecen exageradas y patéticas y no tienen nada que ver con lo que ocurrió en el tartán de Zurich pero solo quería decir que entiendo que los deportistas conocen los acuerdos tácitos con los que corren y ellos saben mejor que yo qué está bien y qué está mal. Después, todos podemos aportar nuestro juicio subjetivo e inútil. Lo que está claro, a pesar de todo, es que situaciones como ésta son un tanto grotesco y no le hace ningún favor a un deporte, el de correr, que aún tiene hazañas y campeones que necesitan ser descubiertos más que poner al descubierto sus fibrosos y musculados torsos. 

1 comentario:

Xabier Uria dijo...

Un último párrafo para quitarse el sombrero, de eso dice algo el reglamento?
En mi opinión la medalla de oro es tan merecida como la sanción. Peor me parece peor el gesto del podium y acaba sin sanción.